conceptual del conjunto alcanza tales cotas, que 
desaparece por completo la posibilidad de lo 
casual y el milagro se confirma a sí mismo. 

GUERNICA .R3E1. 

Había que utilizar los espejos para acceder a la 
suprarrealidad de Picasso. Por eso, la lámpara en 
el Guernica aparecía ligeramente desplazada 
respecto al centro de la obra; porque la lámpara 
era ojo de una gigantesca y divina cabeza de 
múltiples ojos en secuencia. Había que dejar 
fuera la espada .decir no a la guerra. y reflejar 
hacia la derecha la mitad izquierda del Guernica, 
respecto de ese eje vertical .eje 1 (E1), tangente 
a la empuñadura de la espada, por la izquierda., 
para formar el Guernica .R3E1.7851, o 
Guernica de la izquierda, desde donde esta 
enorme cabeza (182) miraba de frente. Un reflejo 
especular equivale a abrir una puerta de par en 
par, para encontrarse en el hueco de la puerta la 
misma imagen que en la puerta cerrada, como si 
la puerta fuese una plancha que, al cerrarse, 
grabase su realidad en el hueco. La puerta a la 
derecha del Guernica sugería este 
desdoblamiento especular. El Guernica, como si 
de un libro se tratase, invitaba a pasar página, 
pues había que replicar su mitad izquierda y 
luego abatirla hacia la derecha respecto de un eje 

7851 google:[imágenes web]

vertical central, para así obtener el Guernica 
.R3E1.. Por eso, el Guernica también era un 
libro, un libro abierto, un libro de historia, de 
filosofía, de lengua, de educación para la 
ciudadanía, una Biblia resumida en tan sólo una 
página, un relato pintado de la historia del arte, y 
hasta un diario de la conciencia, de una 
conciencia que hablaba de traiciones, de guerras y 
de la esperanza de la paz. 

La mitad izquierda y su reflejo se unían para 
dar forma a una cabeza (182) de rasgos humanos, 
de orejas en las dos cabezas de toro y ojos y 
pestañas en las lámparas que iluminaban nuestros 
ojos. Y por lagrimales tenía los candiles que 
lloraban la luz que les hacía llorar, la misma luz 
que llegaba hasta nosotros, luz hecha imagen, luz 
que también nos hacía llorar. La luz era luz de 
tristeza pero también de alegría; porque la 
cabeza (182) se erigía en símbolo de la 
resurrección, del regreso a la vida de la cabeza 
muerta, del nacimiento de nuevas cabezas que 
tomarían las riendas del futuro. De esta nueva 
cabeza (182) renacería Guernica. En esta nueva 
cabeza (182) echaría raíces el nuevo árbol de 
Guernica, descendiente de aquel otro en el jardín 
de las delicias, un árbol que daría la paz como 
fruto. 

La cabeza (182) mostraba la cara sorprendida 
de un Dios niño, de un niño muerto y resucitado, 
de un Dios que oía el eco de los gritos de los
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