con su boca aún cerrada, ahora entristecida; y 
rompía a llorar a relinchos en la boca de la yegua, 
tal era su desconsuelo; y, en su sueño 
transformado en pesadilla, se giraba hacia uno y 
otro lado; y al ponerle de nuevo el chupete, el 
simio se tranquilizaba y regresaba a su plácido 
sueño, alterado a veces por algunos malos 
recuerdos, reflejos de la realidad, de una realidad 
interiorizada, transformada en pesadilla. Y el 
chupete cobraba vida .ahora como gigantescas 
criadillas del otro rabo., se engrandecía y se 
hacía visible en el centro .cabeza (206)., entre 
los labios de edificios; y sus ojos, heridos, 
lloraban Pegasos. Y cuando la boca del simio se 
trasladaba al pene del toro, las cabezas adquirían 
rasgos humanos .cabezas (241).; y besaban en 
la mejilla a la calavera de chupete. 

EL TERNERO 

Y el ternero (185), en Estudio de composición 
para Guernica IV .R3E1. A las 12.7835, 
levantaba aquí su cabeza (242), en Estudio de 
composición para Guernica IV .R9E2. A las 
127836.: sus fosas nasales rebufaban en las 
heridas; sus ojos se abrían (243) furiosos en la 
punta de las lanzas y se cerraban (244) tristes, si 
no muertos, en la espalda del soldado, a ambos 

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7836 google:[imágenes web]

lados del hocico de chupete. ¿Título de la obra? 
Madre (243) con hijo muerto (244). Y la cabeza 
del ternero aparecía en el pensamiento de su triste 
progenitor (245) .de múltiples pares de ojos en 
secuencia: en la boca abierta del equino, por 
ejemplo (246)., cuando el progenitor se venía 
abajo, cabizbajo, sus fosas nasales goteando 
llamas del candil. Y al progenitor se le quedaba 
cara de payaso al sentir que había hecho el payaso. 
Y las llamas eran ojos de serpiente (247) caída, 
ojos que miraban hacia arriba, en una escena que 
traería cola. Y la serpiente era rabo (248) de toro, 
alzado como en el Guernica. Bajo el rabo alzado 
buscan las fosas nasales señales de celo. 

Y la espalda del soldado, la rodilla derecha del 
equino, la rodilla izquierda y tantas otras partes 
más eran ojos (249, 250, 251 y 252, 
respectivamente) de una gigantesca cabeza en 
secuencia, zum de la del payaso, cual cabeza 
alzada, o cual payaso padre del payaso hijo. Los 
cuernos en lanza y la metamorfosis en toro (243 y 
244) con aspecto de can Cerberos transformaban 
a esta gigantesca cabeza en cabeza del Infierno, 
de un Infierno payaso, con la Muerte (206) por 
nariz de payaso. Cortarle las orejas a este toro 
suponía cortarle el cuello a los soldados. En este 
contexto, el soldado y la oreja por él simbolizada, 
y el corte al que fuere sometido, remitían al 
soldado Malco y al monte de los Olivos, en la 
noche del Prendimiento. De nuevo, las imágenes
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