línea, en el sobaco; o justo debajo, en la pata del 
equino, cabeza (232); o lineal y doble, un poco 
más arriba, en la rodilla delantera derecha del 
equino, cabezas (233 y 234), ojo abajo y ojo 
arriba, respectivamente; o también lineal y doble, 
pero en la otra rodilla del equino, cabezas (235 y 
236), respectivamente.; y también se orientaban 
hacia la derecha en el sobaco del soldado y rodilla 
izquierda de la yegua .cabezas (237 y 238), con 
el ojo derecho en el trazo superior e inferior de la 
rodilla, respectivamente.; y hasta los cascos del 
equino eran ojos casi desorbitados, orientados 
hacia la derecha .cabeza (239).. Ojos, ojos y 
más ojos. Y cuando la nariz del simio se 
trasladaba de olisquear el pene del toro a 
olisquearle las criadillas, todos estos mismos ojos 
cambiaban consecuentemente de orientación y se 
giraban .cabezas (240)., principalmente hacia 
la izquierda, algunos de ellos hacia abajo, todo 
por arte de magia visual. Y en todos los casos la 
boca se abría en la de la yegua y se cerraba un 
poco más arriba, en sus mandíbulas, y en el culo 
del toro. La explosión combinatoria generaba una 
secuencia fascinante, muy poblada de fotogramas. 
E incluso sugería un extraño relato: el simio 
dormía con su boca cerrada en el culo del toro; 
dormía feliz con su chupete de rabo de toro; pero 
he aquí que una buena faena le cortaba el rabo al 
toro; y al perder el chupete de la inocencia, el 
simio despertaba; y se giraba hacia el otro lado

con su boca aún cerrada, ahora entristecida; y 
rompía a llorar a relinchos en la boca de la yegua, 
tal era su desconsuelo; y, en su sueño 
transformado en pesadilla, se giraba hacia uno y 
otro lado; y al ponerle de nuevo el chupete, el 
simio se tranquilizaba y regresaba a su plácido 
sueño, alterado a veces por algunos malos 
recuerdos, reflejos de la realidad, de una realidad 
interiorizada, transformada en pesadilla. Y el 
chupete cobraba vida .ahora como gigantescas 
criadillas del otro rabo., se engrandecía y se 
hacía visible en el centro .cabeza (206)., entre 
los labios de edificios; y sus ojos, heridos, 
lloraban Pegasos. Y cuando la boca del simio se 
trasladaba al pene del toro, las cabezas adquirían 
rasgos humanos .cabezas (241).; y besaban en 
la mejilla a la calavera de chupete. 

EL TERNERO 

Y el ternero (185), en Estudio de composición 
para Guernica IV .R3E1. A las 12.7835, 
levantaba aquí su cabeza (242), en Estudio de 
composición para Guernica IV .R9E2. A las 
127836.: sus fosas nasales rebufaban en las 
heridas; sus ojos se abrían (243) furiosos en la 
punta de las lanzas y se cerraban (244) tristes, si 
no muertos, en la espalda del soldado, a ambos 

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