
piensa, alto y claro, sin tapujos; y el individuo la escucha siempre, inevitablemente, y le agradece su total sinceridad, por menos que le guste, por menos caso que le haga. Es la percepción que tiene el individuo de esta realidad de la conciencia lo que le lleva a pensar que todas las conciencias de los individuos son, en esencia, la misma conciencia, que todas defienden al «yo», que todas son justas y verdaderas, que todas están cortadas por el mismo patrón, que todas son la misma cosa, que todas persiguen el mismo objetivo. Al así reconocerlo, el individuo se convierte en un ser capaz de deducir lo que es bueno para los demás y lo que no es bueno para los demás. Y es entonces cuando surge el problema de conciencia: la conciencia, que se sabe la misma en el «yo» que en el «otro», sufre al tener que actuar en defensa del «yo» y en perjuicio del «otro», porque siente que, en parte, sino en todo, actúa contra algo que es, en esencia, ella misma, o igual a ella misma, lo que en esencia es lo mismo. Es en la búsqueda de una solución que sea buena tanto para el «yo» como para el «otro» donde la conciencia crea el concepto de un ser superior. Es a esta conciencia colectiva .que es una sola por coincidir en objetivo las conciencias individuales., a esta solución capaz de traer lo bueno para todos .que también tiende a suponerse única por serlo la conciencia colectiva., a la que el individuo

acaba por identificar con el concepto de un solo Dios justo y verdadero. Dios se identifica con el ojo de una conciencia universal que todo lo ve. Y es el hecho de que el ser humano piense que hay seres .u objetos. que no tienen conciencia lo que le obliga a deducir que Dios es una entidad externa a las cosas, que es una entidad que crea las cosas y que se proyecta en ellas, y no que nace dentro de las cosas y emana de ellas. La creencia de que no todo lo que existe tiene conciencia, y de que no todo lo que tiene conciencia tiene buena conciencia, obliga al individuo a descartar la posibilidad de que Dios sea una entidad interior a las cosas, una cualidad universal de las cosas, perceptible e inherente a ellas. Quizá Picasso interpretara la conciencia de esta manera. Quizá por eso tratara de dotar de conciencia a todos los trazos. Quizá por eso la llama del candil en Estudio de composición para Guernica IV sugería el ojo de la conciencia. Y quizá por eso la pintura de Picasso diera la impresión de buscar una solución única, fusión de contrarios en una única entidad superior, la existencia. LA PORTEUSE D'OFFRANDE Coronando la tumba de Picasso, emplazada bajo un sencillo y circular jardín de hierba al pie de la escalera exterior de la fachada principal del