representada por Judas, simbolizada por el ojo 
desorbitado. En Estudio de composición para 
Guernica IV, Picasso retrató la fatalidad de una 
yegua que sufría no sólo la traición del toro y del 
picador sino hasta la de su propia conciencia, que 
la acusaba de pecar de pensamiento, palabra, obra 
y omisión. La imagen sugería tres dimensiones de 
la traición: dos eran externas, y se correspondían 
con fuerzas enfrentadas entre sí y contra el 
individuo; la tercera era interna, y enfrentaba al 
individuo consigo mismo. Las tres dimensiones 
definían un plano visual y no un volumen, pues la 
tercera dimensión se concretaba en la conciencia, 
interior al individuo. El verdadero sentido de la 
plana pintura de Picasso debía encontrarse 
combinando el plano exterior de lo visible y la 
dimensión interior de la conciencia. 

Todas las conciencias nacen con un mismo 
objetivo, la supervivencia, la supervivencia del 
individuo, la supervivencia del «yo». Y si bien la 
conciencia del «yo» puede equivocarse, no puede 
engañarse a sí misma. El «yo» no puede escapar 
al juicio de su propia conciencia, un juicio justo y 
verdadero, pues así juzga la conciencia todos los 
actos del individuo, de acuerdo a la ley de la 
supervivencia. La conciencia del individuo ha de 
ser objetiva para poder obtener el mejor análisis 
de su entorno y llegar a saber lo que es bueno 
para el «yo» y lo que no es bueno para el «yo». 
La conciencia del individuo dice siempre lo que

piensa, alto y claro, sin tapujos; y el individuo la 
escucha siempre, inevitablemente, y le agradece 
su total sinceridad, por menos que le guste, por 
menos caso que le haga. 

Es la percepción que tiene el individuo de esta 
realidad de la conciencia lo que le lleva a pensar 
que todas las conciencias de los individuos son, 
en esencia, la misma conciencia, que todas 
defienden al «yo», que todas son justas y 
verdaderas, que todas están cortadas por el mismo 
patrón, que todas son la misma cosa, que todas 
persiguen el mismo objetivo. Al así reconocerlo, 
el individuo se convierte en un ser capaz de 
deducir lo que es bueno para los demás y lo que 
no es bueno para los demás. Y es entonces 
cuando surge el problema de conciencia: la 
conciencia, que se sabe la misma en el «yo» que 
en el «otro», sufre al tener que actuar en defensa 
del «yo» y en perjuicio del «otro», porque siente 
que, en parte, sino en todo, actúa contra algo que 
es, en esencia, ella misma, o igual a ella misma, 
lo que en esencia es lo mismo. Es en la búsqueda 
de una solución que sea buena tanto para el «yo» 
como para el «otro» donde la conciencia crea el 
concepto de un ser superior. Es a esta conciencia 
colectiva .que es una sola por coincidir en 
objetivo las conciencias individuales., a esta 
solución capaz de traer lo bueno para todos .que 
también tiende a suponerse única por serlo la 
conciencia colectiva., a la que el individuo
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