cada cual cumple con su matemático destino. Las 
dos dimensiones de su plana existencia traicionan 
a la yegua. En una guerra civil, es el pueblo el 
que paga las consecuencias. Picasso pintó todas 
las traiciones, no solo la de Judas, sino también la 
de Eva y la de Adán, y la de sus descendientes; 
pintó todas las traiciones en el plano del picador-
toro. Todo en este plano .cinematográfico. 
hablaba de traición. 

El caballo y la yegua, unidos cual hombre y 
mujer en matrimonio taurino, se ven condenados 
a existir sometidos a la agonía de la vida, entre el 
picador y el toro, conscientes de que sus hijos 
también sufrirán su mismo y trágico destino. Este 
asunto, trasladado al plano teológico, sugería la 
agonía del ser que se ve obligado a elegir entre 
dos únicas opciones, perpendiculares entre sí, las 
dos igual de desalentadoras para su alma: 
aferrarse a la existencia de un Dios incognoscible, 
o aferrarse a la no existencia de Dios. Y al tener 
que elegir entre lo puramente divino y lo 
puramente humano, entre el bien y el mal, entre el 
ser y el no ser, por así decirlo, duda; y el dudar le 
duele. Y mira a San Saturio 7763, y mira a Cristo, y 
ambos se le echan encima. 

7763 wiki 

Y aún existía una tercera dimensión de la 
traición, una dimensión interior, interior al plano 
y a la persona: la traición a la propia conciencia,

representada por Judas, simbolizada por el ojo 
desorbitado. En Estudio de composición para 
Guernica IV, Picasso retrató la fatalidad de una 
yegua que sufría no sólo la traición del toro y del 
picador sino hasta la de su propia conciencia, que 
la acusaba de pecar de pensamiento, palabra, obra 
y omisión. La imagen sugería tres dimensiones de 
la traición: dos eran externas, y se correspondían 
con fuerzas enfrentadas entre sí y contra el 
individuo; la tercera era interna, y enfrentaba al 
individuo consigo mismo. Las tres dimensiones 
definían un plano visual y no un volumen, pues la 
tercera dimensión se concretaba en la conciencia, 
interior al individuo. El verdadero sentido de la 
plana pintura de Picasso debía encontrarse 
combinando el plano exterior de lo visible y la 
dimensión interior de la conciencia. 

Todas las conciencias nacen con un mismo 
objetivo, la supervivencia, la supervivencia del 
individuo, la supervivencia del «yo». Y si bien la 
conciencia del «yo» puede equivocarse, no puede 
engañarse a sí misma. El «yo» no puede escapar 
al juicio de su propia conciencia, un juicio justo y 
verdadero, pues así juzga la conciencia todos los 
actos del individuo, de acuerdo a la ley de la 
supervivencia. La conciencia del individuo ha de 
ser objetiva para poder obtener el mejor análisis 
de su entorno y llegar a saber lo que es bueno 
para el «yo» y lo que no es bueno para el «yo». 
La conciencia del individuo dice siempre lo que
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