lanza, contra el jinete sin rostro (5). 
Interpretaciones las había para todos los gustos. 
El guerrero de a pie podría simbolizar al pueblo: 
contra él se levantaba el ejército simbolizado en 
el guerrero de a caballo, un guerrero sin rostro, a 
caballo del caballo y del toro. El guerrero de a 
caballo tiraba del brazo de una tropa tan pasiva 
que parecía muerta. El guerrero de a pie 
traspasaba con su lanza la cabeza del caballo del 
guerrero de a caballo, desde la nuca hasta la 
lengua. El guerrero de a caballo, a su vez, trataba 
de herir con su espada rota la cabeza del guerrero 
de a pie; pero el guerrero de a pie esquivaba 
hábilmente el golpe, por los pelos. Y aún más 
sentido tenía que el guerrero de a pie, símbolo del 
pacífico pueblo agredido, estuviera desarmado, y 
que su lanza fuese en realidad la mitad 
complementaria y aparentemente perdida de la 
evidente espada rota, trozo de espada que el 
guerrero de a pie tomaría del suelo con sus manos 
para defenderse, tras haberla roto el guerrero de a 
caballo en un lance contra el duro pueblo .de 
ahí la casa, del pueblo.. La punta de la espada 
asomaba por la boca del caballo, transformándose 
así en lengua. Donde las dan las toman. Quien a 
toro mata, a toro muere. 

El guerrero de a pie introducía su arma blanca 
en la nuca de una gran cabeza de simio (7), 
vehículo también del jinete sin rostro. La punta de 
la lanza le salía al simio por el entrecejo, justo por

encima de sus fosas nasales de caballo, entre las 
grandes y oscuras cuencas de sus ojos, no muy 
lejos de su boca en diamante. El simio parecía 
llevarse una mano a la nuca, al arma clavada en 
su nuca, como guiando la mano del guerrero de a 
pie, tal y como hacía con la otra mano el guerrero 
de a caballo. 

En la quinta ecografía, vista desde la derecha 
.a las 3., el hombre en el suelo vestía 
pantalones, cinturón y hasta camisa con galones. 
Su brazo derecho, en vertical saludo fascista, 
irrumpía de la cabeza. Su brazo izquierdo, en 
vertical descendente, sostenía la espada rota; y 
también parecía contorsionarse hacia atrás, cual 
brazo de preso. Todo apuntaba a que el hombre 
en el suelo era un soldado (8). La imagen se 
mantenía y estilizaba en las tres siguientes 
ecografías. Y, entonces, desaparecía para siempre. 

ECOGRAFÍA (6) DEL GUERNICA 

Tras una noche trágica, la clara luz anunciadora 
de la inminente salida del sol iluminaba 
totalmente el desastre escenificado en la primera 
ecografía. Al poco tiempo, en la tercera ecografía, 
el sol nacía en el horizonte y ascendía en el cielo, 
generando así las primeras sombras. Y 
comenzaba el declive hacia el ocaso. Con él, el 
perfil circular del sol visible se transformaba en el 
perfil ovalado de un sol poniente, en la quinta 
ecografía. La escena se oscurecía, lógicamente.
30 -2 -1 -1 +1 +1 +2 4838 4839 30 -2 -1 -1 +1 +1 +2 4840