bien atado su cuota de poder en las estructuras 
internas más importantes del Estado.. Por eso 
los políticos no querrán ni oír hablar de cambios 
en la ley electoral hasta que ya sea inevitable, por 
el cariz de las sublevaciones; porque saben que, 
para contentar al pueblo, basta tan solo con 
cambiar la ley electoral, adaptándola a las 
exigencias de los que protestan. Así se le traslada 
el poder al pueblo: «elegid a quienes vosotros 
queráis como vosotros queráis», dirán entonces, 
«que luego ellos harán lo que les dé la gana, 
como hicimos nosotros; y los que salgan elegidos 
que cambien el sistema a vuestro gusto; y 
entonces exigidles responsabilidades a ellos» 869. 
De esta forma consiguen los políticos quitarse de 
encima la patata caliente, cuando ya abrasa: «si 
no estáis de acuerdo con lo que hacemos, 
gobernad vosotros, o quienes vosotros digáis». Y 
si te he visto, y enriquecido, no me acuerdo. 

869 elmundo 

Con el sistema de votación actual, la idea 
tradicional de «una persona, un voto» es del todo 
falsa, pues todos los votos no valen lo mismo: su 
fuerza depende de a quién se vota y desde dónde. 
Y los grandes partidos lo saben; y los partidos 
nacionalistas lo saben; y lo saben hasta las 
piedras; pero todos callan y otorgan, 
reembolsándose el beneficio de la duda y los 
votos de los perjudicados. Estas y otras

sinrazones eran las culpables de que estuviera 
considerando incluso dejar de ir a votar para no 
sentirme cómplice de semejante pantomima.
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