
pero los políticos y sus ejércitos no querían ni oír hablar de ellos: mucho tiempo les había costado alzarse con todos los poderes, incluso con el judicial y el de las fuerzas del orden, poderes que luego manipulaban a su antojo, sometiéndolos a sus intereses personales; mucho tiempo les había llevado transformar el Estado, el de todos, en su Estado, el de ellos, a imagen y semejanza suya; y no estaban dispuestos a arruinar de un plumazo su propio bienestar, el que tanto les había costado alcanzar 866. De ahí que se opusieran a todo cambio en el sistema electoral: trataban a la desesperada de retrasar su propia muerte .la del partido., aun a costa de la agonía del pueblo 867. Solo si se vieran acorralados por la indignación ciudadana harían alguna concesión a este respecto 868: y, aun así, la harían intentando favorecer sus intereses, perjudicando a sus adversarios. Toda sublevación popular y masiva en contra de la casta política tiene fácil arreglo, y los políticos lo saben perfectamente: basta con cambiar la ley electoral, la ley de acceso al poder, y asumir, por parte de los políticos dominantes .culpables de la sublevación., la consiguiente pérdida efectiva de poder que el cambio les acarrearía .si bien antes habrán dejado atado y 866 casareal:[TV] lavanguardia 867 elconfidencial elpais 868 intereconomia:[1 2]

bien atado su cuota de poder en las estructuras internas más importantes del Estado.. Por eso los políticos no querrán ni oír hablar de cambios en la ley electoral hasta que ya sea inevitable, por el cariz de las sublevaciones; porque saben que, para contentar al pueblo, basta tan solo con cambiar la ley electoral, adaptándola a las exigencias de los que protestan. Así se le traslada el poder al pueblo: «elegid a quienes vosotros queráis como vosotros queráis», dirán entonces, «que luego ellos harán lo que les dé la gana, como hicimos nosotros; y los que salgan elegidos que cambien el sistema a vuestro gusto; y entonces exigidles responsabilidades a ellos» 869. De esta forma consiguen los políticos quitarse de encima la patata caliente, cuando ya abrasa: «si no estáis de acuerdo con lo que hacemos, gobernad vosotros, o quienes vosotros digáis». Y si te he visto, y enriquecido, no me acuerdo. 869 elmundo Con el sistema de votación actual, la idea tradicional de «una persona, un voto» es del todo falsa, pues todos los votos no valen lo mismo: su fuerza depende de a quién se vota y desde dónde. Y los grandes partidos lo saben; y los partidos nacionalistas lo saben; y lo saben hasta las piedras; pero todos callan y otorgan, reembolsándose el beneficio de la duda y los votos de los perjudicados. Estas y otras