decapitarle; sus Cristos le daban la puntilla. 
Fantástico y contundente efecto visual el que se 
apreciaba al rotar poco a poco la imagen y 
contemplar cómo había un ángulo más allá del 
cual el cerebro ya no lograba reconocer este 
caricaturizado rostro. En la imagen sin girar, el 
torso de Velázquez quedaba tumbado boca arriba, 
como el hombre en el suelo, pero en dirección 
contraria; y resultaba irreconocible; y había que 
girar la imagen para poder verlo con claridad, sin 
necesidad de realizar esfuerzos mentales. 

La casa en llamas, gola de Velázquez, también 
era ardiente cabeza (80) .rígida, cuadrada y 
hueca, por ser casa rústica. de un maduro y 
enmascarado coloso en llamas, varón fuera de sus 
casillas, sus hombros también visibles .por 
encima del hombro izquierdo asomaba Velázquez 
su rostro.. La enladrillada, pétrea o adobada 
cabeza (80) de este bruto luchador con perilla de 
tejas tenía múltiples candidatos a ojos e incluso a 
narices, sugiriendo distintos aspectos y poses. Si 
Velázquez miraba de reojo y con pudor al 
minúsculo .en comparación. Cristo 
crucificado .de complexión olímpica, que hasta 
parecía como hombre hacer el cristo a la salida 
del caballo con arcos y en el ejercicio de suelo, e 
incluso en la esgrima, como si su cruz fuese el 
culto al cuerpo, en su versión más educada 7642., 

7642 wiki

como flotante en primer plano .dando por tanto 
la espalda al resto de la escena., esta forzuda 
cabeza (80) lo miraba de frente y con pavor, 
totalmente horrorizada. La visión del joven y 
musculoso crucificado en sus delicados ejercicios 
le provocaba tal espanto a la cabeza (80) que los 
ojos se le desorbitaban, el corazón se le salía por 
la boca y hasta la lengua se le inflamaba al 
describirlo; y se giraba hacia su derecha (81), y se 
tapaba los ojos para no ver (82), y aun así miraba 
de reojo (83), e incluso se giraba totalmente hacia 
su izquierda (84), ahora con morcillosa narizota 
en el cuerpo del caballo, para mirar hacia 
Velázquez y meterle una bronca de narices, como 
diciéndole: «¡Pero qué hostias es esto!». 
Velázquez, en un gesto amanerado (85), 
tapándose los ojos con su pañuelo de menina con 
niño muerto, respondía: «Que no… Que no 
quiero verla». 

La gigantescas cabezas (76 y 80) y el 
crucificado situado entre ellas remitían .por sus 
posiciones relativas, en un contexto religioso. a 
una iconografía tradicional, la de San Juan y la 
Virgen María a los pies de la cruz, en el monte 
Calvario, simbolismo que transformaba esta 
ecografía .a las 12. en pieza de retablo y 
apuntaba con su cuadriculado techo .no este, 
que no lo había, sino el del suelo del Guernica.
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