Y aún existía otra forma más sencilla de que el 
elector eligiera a sus gobernantes: bastaba con 
crear una papeleta electoral con tantas casillas 
como ministerios. El votante escribiría en cada 
casilla el N.I.F. o el C.I.F. de la persona o 
empresa por él elegida para trabajar como 
diputado en ese ministerio, pudiendo dejar en 
blanco las casillas de aquellos ministerios que 
considerase innecesarios. Cualquier español .o 
empresa española. no inhabilitado para ocupar 
.o designar. un cargo de ministro, sería per se 
candidato. Por ejemplo: si existieran 10 
ministerios, las papeletas incluirían 10 casillas, 
una por cada ministerio; y los 350 diputados se 
obtendrían tras seleccionar a los 35 más votados 
por ministerio. Puesto que cualquier español o 
empresa española sería candidato, los elegidos 
tendrían derecho a renuncia, ocupando ese lugar 
el siguiente candidato en la lista de más votados. 
Las empresas que resultaran elegidas y aceptaran 
el cargo tendrían entonces que elegir a su 
candidato a ministro, de dentro o de fuera de su 
empresa, sin más limitaciones que la de ser 
español y no estar deshabilitado para ocupar el 
cargo. El peso del voto de un determinado 
ministro .llamémosle m. en cada una de sus 
votaciones se calcularía por la siguiente fórmula:

Pm : peso del voto del ministro m. 

Vm : número de votos recibidos por el ministro m. 

VM : número total de votos recibidos por todos los 
ministros con derecho a voto en esa votación. 

M : número de ministros con derecho a votación 
en esa votación. 

 

Este tipo de sistema de elección permitiría, 
además de una total libertad para la selección de 
los candidatos, acabar con los inconvenientes de 
los partidos políticos, crecientes fuentes de 
amiguismos, corrupción y división en España. 
Todos los diputados se integrarían en grupos de 
trabajo, y no sólo a la mitad de ellos, como ocurre 
en el bipartidismo: ¿en qué empresa privada 
trabajan solo la mitad de los empleados mientras 
la otra mitad mira y critica? Además, el propio 
sistema de elección potenciaría la dedicación y el 
esfuerzo, pues cada diputado tendría que rendir 
cuentas a sus votantes. Con un sistema de 
partidos .y, en especial, con un sistema 
bipartidista. ocurría todo lo contrario: en lugar 
de ofrecer los cargos públicos a quienes más se lo 
merecían por su capacidad, sin otra distinción que 
la de su virtud o talento, llegaban a asignarse a 
dedo, a personas malformadas, sin currículum, 
cuyo mayor y único mérito era su pertenencia y 
servilismo al partido. 

Existían decenas de sistemas electorales, tan 
flexibles, justos y sanos como el de este ejemplo;
14 -2 -1 -1 +1 +1 +2 14 -2 -1 -1 +1 +1 +2