
La división en provincias le facilita el voto al elector. No sería factible que el elector tuviera que elegir a 350 candidatos, uno a uno, de entre todas y cada una de las listas que se presentaran a las elecciones, cada una con 350 candidatos. Sin embargo, dentro de una provincia este número se reduciría considerablemente, llegando como mucho a los treinta y tantos escaños. Y es por esto que resultaría factible que el elector elaborara su propia lista, seleccionando individualmente a los candidatos de entre todos los que se presentaran por su circunscripción. Cada candidato que recibiera un voto lo aportaría a su partido a nivel nacional. Y con el total de votos de todos los partidos se procedería al reparto de escaños entre ellos. Luego, cada partido tendría libertad para distribuir a su antojo, entre sus candidatos, los escaños que le hubieran correspondido, si bien tendría que hacer público el criterio de distribución antes de las elecciones para que el elector pudiera tenerlo en cuenta a la hora de votar. Por ejemplo, el partido podría ordenar en una única lista a todos sus candidatos según el número de votos recibidos, ponderándolos o no por algún factor, y elegir luego a los más votados; o elegirlos según el porcentaje de votos recibidos dentro de su circunscripción; o asignando los escaños a los primeros de una lista creada de antemano, como se hace actualmente…

Y aún existía otra forma más sencilla de que el elector eligiera a sus gobernantes: bastaba con crear una papeleta electoral con tantas casillas como ministerios. El votante escribiría en cada casilla el N.I.F. o el C.I.F. de la persona o empresa por él elegida para trabajar como diputado en ese ministerio, pudiendo dejar en blanco las casillas de aquellos ministerios que considerase innecesarios. Cualquier español .o empresa española. no inhabilitado para ocupar .o designar. un cargo de ministro, sería per se candidato. Por ejemplo: si existieran 10 ministerios, las papeletas incluirían 10 casillas, una por cada ministerio; y los 350 diputados se obtendrían tras seleccionar a los 35 más votados por ministerio. Puesto que cualquier español o empresa española sería candidato, los elegidos tendrían derecho a renuncia, ocupando ese lugar el siguiente candidato en la lista de más votados. Las empresas que resultaran elegidas y aceptaran el cargo tendrían entonces que elegir a su candidato a ministro, de dentro o de fuera de su empresa, sin más limitaciones que la de ser español y no estar deshabilitado para ocupar el cargo. El peso del voto de un determinado ministro .llamémosle m. en cada una de sus votaciones se calcularía por la siguiente fórmula: