de una dentadura afilada., de quemarse la 
lengua con lo extremadamente caliente o picante. 
La bombilla del Guernica derrochaba su potencia 
ante la débil luz del candil. Los extremos 
opuestos, confrontados, invitaban a la 
moderación: ni tanto que queme al santo, ni tan 
poco que no alumbre. A la izquierda del Guernica, 
el niño muerto contrastaba con el infierno a flor 
de piel que sufría su madre: la ausencia total de 
sensaciones en el niño contrastaba con la 
sensación de máximo sufrimiento en la mujer. 

Por increíble que pudiera parecer, la cabeza (1) 
encerrada en la cabeza de la yegua, en Estudio 
para el caballo II, remitía a la obra precedente, 
Estudio para el caballo I, convenientemente 
reflejada y reproducida .porque en esta ocasión 
no bastaba con los reflejos.. Bajo Estudio para 
el caballo I .a las 12. R3.7561 había que situar 
Estudio para el caballo I .a las 9. R9.7562. Solo 
así se podía obtener esta sorprendente cabeza (54) 
de equino .visibles solo sus ojos (arriba) y parte 
de su hocico (abajo)., con la cabeza (55) del 
espectro ensombrecida en su interior. Al girar la 
cabeza (54) de este equino ciento ochenta grados, 
para orientarla hacia arriba, como en Estudio 
para el caballo II, aparecían con otro gesto 
.cabezas (56). las cabezas políticas en Estudio 

7561 google:[imágenes web] 

7562 google:[imágenes web]

para el caballo I .RT. A las 3., e incluso se 
sugería otra cabeza (57) de marcados rasgos 
humanos, de alargado cráneo, de múltiples 
candidatos a ojos .en la parte superior, en la 
cabeza del equino, por ejemplo (58), o en su 
cuello (59)., de boca a los pies de los caballos, 
en el suelo, y fosas nasales a juego con los ojos 
.o no., en los equinos inferiores. 

La humana cabeza (1) .que luchaba por salir 
del cuerpo de la yegua. y el dibujo a la derecha 
de la yegua invitaban a pensar en un ser que se 
introducía por detrás en el cuerpo de la yegua. De 
las seis patas que aparecían en la parte inferior del 
dibujo, las dos de la derecha podrían ser las patas 
traseras de un toro (3), si bien la pezuña no 
parecía doble. El toro (3) embestía a la yegua con 
tal ímpetu que llegaba a penetrarla hasta 
introducirse casi por completo en ella. La yegua, 
el toro y el espectral ser humano (1) se fundían en 
un solo ser, en el tercio de la vida. Pero la imagen 
también sugería el movimiento opuesto, el de un 
mal parto, el de un mal parir a un ser malparido, 
pues no era de la misma naturaleza que el 
progenitor que lo paría, y además nacía del revés, 
con los pies por delante, con el consiguiente 
riesgo para la vida de la madre, por no hablar de 
los dolores. En este sentido, una lectura política 
transformaba la lámpara del Guernica en símbolo 
de un alumbra-miento, de una lámpara que 
alumbraba la mentira, de una lámpara que
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