menos se hubiera dedicado a escribir sobre 
anécdotas de la vida de Picasso; en lugar de eso, 
habría empleado su tiempo en analizar y en 
escribir sobre el significado profundo de las obras, 
pues es en ellas donde el artista se deja la vida, y 
es en ellas donde está escrita su verdadera 
biografía, como así lo dijo el propio Picasso: 
«Pinto como otros escriben su autobiografía. Mis 
telas, acabadas o no, son como las páginas de mi 
diario, y como tales, son válidas». 

Estudio de composición para Guernica I y 
Estudio de composición para Guernica II, las dos 
primeras obras del Legado compuestas tras el 
bombardeo de Guernica, eran dos claros ejemplos 
de esta vaga traición. ¿Qué caso se le había hecho 
a estas obras? Muy poco. En la biblioteca del 
Reina Sofía apenas encontré libros que las 
mencionaran. ¿Y qué se comentaba de ellas? 
Mejor ni decirlo; y, en cualquier caso, nada de lo 
que yo veía. Alguna razón tenía que justificar tal 
disparidad de opiniones. ¿Desinterés? Quizá sí. 
Quizá la razón fuera ese desinterés manifiesto que 
mostraban los expertos ante obras como esta, en 
las que no alcanzaban a ver más que garabatos, 
obras que resultaban repulsivas a los ojos casados 
con la estética, incapaces de ver más allá de la 
belleza evidente, obras vacías para esas bocas 
vendidas al elegante sonido de las frases vacuas, 
fieles servidoras de sus mentiras. ¿Cómo se podía 
pensar que eran garabatos unas obras que el

propio Picasso seleccionó personalmente y de las 
que recalcó, año tras año, que eran necesarias 
para entender el Guernica, su obra cumbre? Aun 
así, por garabatos se tuvieron. Nadie creyó en 
Picasso. Qué gran pecado. Nadie tuvo fe. Faltos 
de criterio, ciegos a la verdad, le alabaron sin 
entenderlo, y, al hacerlo, le minusvaloraron de 
igual forma. 

EL TORO 

Para todos ellos, para los escépticos, para los 
hombres y mujeres de poca fe, Picasso dibujó un 
toro (88) de embestida veraz e implacable, furiosa 
y pasional; un toro símbolo del Zeus que raptó a 
Europa y a su reflejo; un toro que llegaba para 
probar las más inverosímiles conjeturas, llamado 
a destruir .cual rayo caído del cielo. el 
inexpugnable búnker de la duda. El toro (88) 
surgía por los toriles de Estudio de composición 
para Guernica II .a las 9. R9E1.7199. Para ver 
la divina imagen había que reflejar, hacia la 
izquierda .R9., la mitad derecha de Estudio de 
composición para Guernica II .a las 9., 
respecto de un eje vertical .E1. situado en la 
punta del hocico del equino. 

7199 google:[imágenes web] 

 

Pequeña Niña I ¿Es ese el árbol del bien 

y del mal, o es sólo
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