
En cualquier caso, la cuestión no es quién debe gobernar a quién, si la economía a la política, o la política a la economía. A este respecto no puede haber ninguna duda: siempre han de gobernar los más listos y provechosos para la sociedad en su conjunto. Solo un tonto .o un listo aprovechado. desearía ser gobernado por un tonto. Y no cabe admitir en contra de este razonamiento ningún otro que presuponga la maldad del listo, pues tanto o más malvado será el tonto, consciente o inconscientemente, por activa o por pasiva, debido a su ignorancia, que le impedirá luchar contra las malas personas, listas o tontas, y contra los malos tiempos, pues en cada cruce de caminos acabará tirando por donde no debe. Solo cuando existe una mayoría de tontos puede un tonto .o un listo aprovechado. imponerse a un listo provechoso y llegar a gobernante .en un país de pícaros siempre gana el más bribón 822.. De ser así, y de no ocurrir una catástrofe durante la legislatura, y de mostrarse discreto, podría incluso alcanzar la reelección. Pero, ¡ay como vengan mal dadas! Entonces recibirá palos a diestro y siniestro, tanto de los listos, buenos y malos, como de los tontos malos, y hasta de los buenos. Así se escribe la historia. En el principio, el amo de la manada era el más fuerte, razón por la que el paso del tiempo y el 822 abc elmundo larazon elpais

ansia de poder agilizó la inteligencia .malicia. de los débiles más malos, que se unieron para vencer al más fuerte y repartirse la manada. Y lo primero que hicieron al alcanzar el poder fue camelar a la manada con mensajes de paz, con el fin de deslegitimar la violencia y con ello evitar que los más fuertes les quitaran el poder por la fuerza. Y luego deslegitimaron la inteligencia, creando estructuras piramidales de poder en las que solo se pudiera ascender por designación a dedo, para evitar que los más inteligentes les quitaran el poder por la inteligencia. Y así fue como la fuerza y la inteligencia de las estructuras de poder se fueron atrofiando con el tiempo, hasta llegar a la época actual, en la que .¡válgame Dios!. son los más tontos y malos los que gobiernan el mundo, camino del apocalipsis. A la hora de elegir a un cargo público, hay que separar tajantemente la faceta humana de la faceta profesional. No se puede elegir a alguien porque parezca buena persona, o manifieste buenas intenciones, que en la sierra hay muchos lobos disfrazados de corderos, amén de muchos tontos que, de tan tontos como son, parecen buenos. Siempre hay que elegir a los profesionales más cualificados, a los de carrera más dilatada y exitosa, a quienes presenten los mejores proyectos, bien detallados, realistas y efectivos. La política, la banca y la religión han desarrollado un modelo de negocio que les