
consciente de la luz que emana de él, pues no alcanzaría a verla, pues la luz no lograría trascender, atrapada por el egoísta agujero negro de su cuerpo, y mucho menos llegaría a los ojos de otros, que no verían nada en la persona, más que el agujero negro de su cuerpo, una estrella sin fuerzas para nacer. La palabra puede ayudar a las personas a modificar esos filtros, a moverlos, a quitarlos, para finalmente llegar a ver ese rayo de esperanza que mana de su interior, como de una estrella. La esperanza mantiene esa llama encendida. La esperanza es el bálsamo que santifica el espíritu humano y tira de él hacia el cielo. La esperanza es al espíritu lo que el ejercicio es al cuerpo. Por eso siempre hay que tener esperanza. Por eso es un error creer que tener esperanza es engañarse a uno mismo; más bien todo lo contrario, es hacerse bien a uno mismo, pues la esperanza pertenece al reino del espíritu. Este es el objetivo real de la parusía: avivar la esperanza, tan necesaria para el espíritu como el oxígeno lo es para el cuerpo. La esperanza es el virtuoso papel que envuelve ese fantástico regalo. Por eso no hay que abalanzarse sobre él, cual niño en el día de Reyes, y desgarrar el papel impetuosamente, y abrir la caja con ansias de disfrutar del contenido, y cansarse al tercer día, y acabar renegando del presente. Esos que así pretenden aún no entienden que el verdadero Rey es el Padre, y que lo importante es

el amor que impulsa al regalo. Por eso, cuando el regalo es la esperanza 7051, no hace falta ni abrirlo. 7051 Colosenses 1, 5-6 vatican:[español latín] latinvulgate biblos Tito 2, 11-15 vatican:[español latín] latinvulgate biblos