embargo, el bien propio puede entrar en conflicto 
con el bien ajeno. Es entonces cuando el 
individuo tiene la oportunidad de ser consciente 
de que forma parte de una identidad colectiva por 
encima de la suya individual; y si así lo llega a 
entender en su nivel más básico, es decir, si tiene 
fe .si confía. en que el otro es como él y que 
en iguales circunstancias actuaría como él, 
entonces podrá llegar a vencer el egoísmo natural 
y optar por distribuir su bien con el otro: esto es 
la caridad, al nivel más básico. La esperanza 
amplifica sobremanera la fe y la caridad, tanto 
que impulsa al individuo a ser caritativo incluso 
sin requerir ser correspondido de igual forma por 
el prójimo: así ocurre cuando se comprende que 
el yo y el otro son, en esencia, la misma persona, 
la misma carne y el mismo espíritu; que ambos 
forman parte de un mismo ser superior. Por eso, 
si el otro está necesitado, ayudar a paliar el 
sufrimiento del otro es, en esencia, ayudar a 
paliar el sufrimiento propio; y al hacerlo, el 
patrimonio común no solo no decrece sino que se 
engrandece, pues el patrimonio común de índole 
material permanece inalterado .lo que el uno da 
lo recibe el otro. mientras que el patrimonio 
común de índole espiritual se engrandece 
sobremanera al hacerlo el patrimonio individual 
de índole espiritual de ambos individuos. Fe, 
esperanza y caridad… esa es la cuestión. La 
naturaleza optimiza, por naturaleza; y en lugar de

crear a una persona con varias cabezas, varios 
pares de brazos y varios pares de piernas, sabe 
que es mejor que cada cabeza tenga su cuerpo, su 
par de brazos y su par de piernas; porque así la 
Persona se multiplica, gana en grados de libertad, 
en tolerancia a fallos, en procesamiento paralelo, 
en conocimiento distribuido; y puede estar al 
mismo tiempo en distintos puntos del espacio; y 
puede estar en el mismo punto del espacio en 
distintos instantes de tiempo; y puede conocer 
múltiples realidades y ser consciente de múltiples 
verdades al mismo tiempo, en distintos puntos del 
espacio; y si bien todas las personas parecen 
independientes, no lo son, pues forman parte en 
realidad de la misma Persona, que se llama 
familia, que se llama empresa, que se llama 
sociedad, que se llama vida… Este es el fin del 
conocimiento: aunar a los seres sabios más allá 
del espacio y del tiempo; unir a los homo sapiens 
en una sola Persona, en el cuerpo del Cristo final, 
sentado en el hemisferio derecho del Padre y 
Señor del bien y del mal, por así decirlo. Al igual 
que el Hijo [del derecho entendimiento] del 
hombre es Dios, hecho hombre en Cristo, el Hijo 
[del derecho entendimiento] de Dios es el hombre, 
hecho Dios en Cristo. El fin de la fuerza del 
conocimiento es unir en lo metafísico lo separado 
en lo físico y en lo temporal. La naturaleza lo 
tiene claro: el estado evolutivo que sigue al 
estado de individuo es el estado de individuo
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