
Como demonios hablan los ignorantes, al reunirse en mayoría, en aquelarre, y exigir más democracia, más de su democracia, que no es sino expoliocracia. Libertad de elección, en todos los aspectos de la vida, permitiendo a todos dar lo mejor de sí mismos: esta es la verdadera democracia. Solo así se lograrán la flexibilidad, estabilidad, independencia y progresivo perfeccionamiento necesarios para avanzar hacia el sistema de gobierno hacia el que se dirige el mundo. El objetivo ha de ser la productividad, que hasta el rabo del toro pintaría grandes obras si no tuviera que pasarse el día espantando las moscas del culo. Todos hemos de dar lo máximo de nosotros mismos; y no por obligación, sino por devoción. La sociedad ha de remover obstáculos y allanar el camino para que todo esfuerzo de la persona contribuya de forma máxima a su productividad. Subvencionar la improductividad es una aberración. No hay que cambiar el modelo productivo de España, que funciona bien, y mejor funcionará; lo que hay que cambiar es el modelo improductivo de España, ese al que pertenecen, por ejemplo, parientes tan cercanos 803 como los improductivos políticos y su universo de improductivas subvenciones 804. Es una aberración que los que no producen cobren por robar a los 803 google:[1 2] 804 abc

que producen. Si la productividad se midiese en una escala que asociara el más diez a la productividad positiva e infinita .la de Dios, para entendernos. y el menos diez a la productividad negativa e infinita .la de la Muerte y la del Infierno, para entendernos, símbolos de quienes no producen, sino destruyen, o no producen sino sufrimientos., la improductividad quedaría entre el cero y el menos diez. Todos los que se encontraren en ese rango negativo harían mejor en moverse al rango positivo, o bien cesar su actividad .o ser cesados. y trasladarse .o ser trasladados. a otra en el rango positivo. Hasta el diablo ha reducido su plantilla para ser más eficiente; porque ha comprendido que, con el avance de la ciencia y de la tecnología, e incluso de la democracia, ya no es necesario estar físicamente junto a una persona para hacerle daño; ahora ya se puede hacer daño a todo el mundo, e incluso al mismo tiempo, desde un Parlamento, desde un Consejo de Ministros, desde un despacho, con un simple telefonazo, con una firma, con tan solo apretar un botón, y aun con menos, sin hacer nada.