el porqué de su estética, tan sorprendente como 
efectiva y magnífica. Aun así, la primera 
impresión .antes de entender la obra. es tan 
importante y necesaria como la última .una vez 
entendida.. 

Un niño no pinta un caballo igual de bien que 
lo pinta Sorolla. El niño y Sorolla quieren pintar 
un caballo, y a Sorolla le sale mejor, mucho 
mejor. Pero es un error comparar los caballos que 
pinta Picasso .caballos que por su estética más 
bien parecen pintados por un niño. con los 
caballos que pinta Sorolla; porque Sorolla, 
cuando pinta un caballo, quiere pintar un caballo, 
como el niño, mientras que Picasso, cuando pinta 
un caballo, también quiere pintar otras cosas, 
otras muchas cosas, tan llenas de sentido como 
lleno de luz está el caballo de Sorolla. Sorolla y el 
niño pintan formas, colores, sentimientos, cada 
cual a su manera. Picasso, además, pinta ideas. 
Los tres se merecen el Olimpo. 

Lo primero que me llamó la atención en 
Estudio de composición para Guernica IV fue 
una especie de cráneo (1) 5949 de toro. El cráneo, 
orientado al suroeste, aparecía a los pies de la 
obra, en la parte central, bajo el vientre del 
caballo, en la misma vertical que la cabeza del 
caballo. Su forma se sugería con extremidades 
animales y humanas, lo que a su vez apuntaba a 

5949 #ahsLPA6c1

posiciones extremas, políticas, de derechas y de 
izquierdas. La doble pezuña de la extremidad 
trasera izquierda del majestuoso toro, orientado 
hacia la izquierda, hacía de ojo derecho de este 
cráneo. La pezuña única de la extremidad 
delantera derecha del arrodillado y malherido 
caballo, orientado hacia la derecha, hacia la 
cabeza del soldado, sugería el ojo izquierdo. La 
extremidad superior izquierda del soldado, 
tendido boca arriba entre el caballo y el toro, 
sugería el tramo desde la frente hasta la 
mandíbula superior. La mano izquierda del 
soldado hacía de dentadura. El cráneo de toro era 
bizco, de ojo y de cuernos. El pequeño Pegaso 
que surgía de la herida abierta en el estómago del 
caballo también sugería, por su posición, el 
cuerno derecho. Y el cráneo parecía elevarse 
ligeramente, como un espectro; y al hacerlo daba 
la impresión de revivir, humanizarse y mirar de 
frente, arrepentido, con su ojo derecho abierto en 
la herida, su nariz en la pezuña del toro y su boca 
en el brazo del soldado .cabeza (2).; y 
también parecía dormir, o reflexionar su 
penitencia, con su ojo izquierdo cerrado en la 
espalda del soldado .cabeza (3).. 

La mano del soldado se aferraba a la lanza. La 
dentadura del cráneo de toro la mordía. Y la lanza 
se soldaba a ella, como si formara parte de sus 
dientes. La imagen remitía al dolor extremo: la 
vara del picador se clavaba en el toro; los cuernos
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