subjetiva para dotar de sensaciones a la obra, más 
que para dotarla de significación: la técnica puede 
ser novedosa y compleja, algo que sin duda 
tendrá mucho mérito, tanto más cuanto más 
supere a otras en su subjetivo objetivo; pero, en 
cualquier caso, no va destinada a dotar de 
significado a la obra .a entender mejor la obra 
de arte. sino a modificar las sensaciones 
subjetivas de percepción .su estética.. 

En otras obras, sin embargo, el pintor opta por 
la estrategia opuesta, y utiliza la técnica para 
dotar de significación a la obra, además de para 
dotarla de sensaciones. Por eso, para poder llegar 
a sentir estas obras, hay primero que llegar a 
comprenderlas, al revés que en el caso anterior. 
En este tipo de obras es un error permitir que sean 
las sensaciones subjetivas de percepción .amor, 
indiferencia u odio a primera vista. las que 
construyan la significación definitiva. Si bien 
algo así es posible y deseable en un primer 
contacto con la obra, quedarse estancado en ese 
nivel y no avanzar supondría errar tanto en el 
sentir como en el entender. El verdadero reto que 
se le plantea al observador es saber determinar 
cuándo una obra es de este tipo y cuándo lo es del 
otro, o en qué grado es mezcla de ambos. En el 
caso del Legado Picasso de 1981, la estética se 
subordina a la significación, y lo hace de forma 
tan magistral que, una vez se llega a comprender 
la obra, también se llega a comprender y aceptar

el porqué de su estética, tan sorprendente como 
efectiva y magnífica. Aun así, la primera 
impresión .antes de entender la obra. es tan 
importante y necesaria como la última .una vez 
entendida.. 

Un niño no pinta un caballo igual de bien que 
lo pinta Sorolla. El niño y Sorolla quieren pintar 
un caballo, y a Sorolla le sale mejor, mucho 
mejor. Pero es un error comparar los caballos que 
pinta Picasso .caballos que por su estética más 
bien parecen pintados por un niño. con los 
caballos que pinta Sorolla; porque Sorolla, 
cuando pinta un caballo, quiere pintar un caballo, 
como el niño, mientras que Picasso, cuando pinta 
un caballo, también quiere pintar otras cosas, 
otras muchas cosas, tan llenas de sentido como 
lleno de luz está el caballo de Sorolla. Sorolla y el 
niño pintan formas, colores, sentimientos, cada 
cual a su manera. Picasso, además, pinta ideas. 
Los tres se merecen el Olimpo. 

Lo primero que me llamó la atención en 
Estudio de composición para Guernica IV fue 
una especie de cráneo (1) 5949 de toro. El cráneo, 
orientado al suroeste, aparecía a los pies de la 
obra, en la parte central, bajo el vientre del 
caballo, en la misma vertical que la cabeza del 
caballo. Su forma se sugería con extremidades 
animales y humanas, lo que a su vez apuntaba a 

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