
comprender el error que suponía confundir «entender una obra de arte» con «sentir una obra de arte». En un cuadro de Sorolla, un niño en la playa es un niño en la playa, no hay nada más que entender; el significado entra por los ojos con la imagen, con total naturalidad; no hace falta procesar la información, basta con degustarla: la obra apela al alma humana más que al intelecto humano; se ha de sentir más que entender. Sin embargo, la admirable técnica de Sorolla consigue transmitir sensaciones que no transmiten otros pintores que pintan niños en la playa, lo que invita a analizar con detalle su técnica y el cómo y porqué de las sensaciones que genera. Cuán dichoso se puede llegar a ser sin necesidad de nada: ahí está el niño tumbado desnudo en la orilla del mar, sobre la arena mojada, bañado suavemente por el sol, distraído en sus meditaciones, en perfecta simbiosis con la naturaleza. Niño feliz. En algunas obras de arte no hay «nada más» que entender; porque sólo hay que sentirlas, contemplarlas y dejarse transportar, entregándose a su belleza. De estas obras se dice que uno llega a entenderlas cuando cree llegar a sentirlas. Una vez se alcanza este estado, y con el fin de entender el camino que va desde la percepción al sentimiento que cada cual experimenta, se puede entrar a analizar la técnica empleada por el artista. En estos casos, la técnica se utiliza de manera

subjetiva para dotar de sensaciones a la obra, más que para dotarla de significación: la técnica puede ser novedosa y compleja, algo que sin duda tendrá mucho mérito, tanto más cuanto más supere a otras en su subjetivo objetivo; pero, en cualquier caso, no va destinada a dotar de significado a la obra .a entender mejor la obra de arte. sino a modificar las sensaciones subjetivas de percepción .su estética.. En otras obras, sin embargo, el pintor opta por la estrategia opuesta, y utiliza la técnica para dotar de significación a la obra, además de para dotarla de sensaciones. Por eso, para poder llegar a sentir estas obras, hay primero que llegar a comprenderlas, al revés que en el caso anterior. En este tipo de obras es un error permitir que sean las sensaciones subjetivas de percepción .amor, indiferencia u odio a primera vista. las que construyan la significación definitiva. Si bien algo así es posible y deseable en un primer contacto con la obra, quedarse estancado en ese nivel y no avanzar supondría errar tanto en el sentir como en el entender. El verdadero reto que se le plantea al observador es saber determinar cuándo una obra es de este tipo y cuándo lo es del otro, o en qué grado es mezcla de ambos. En el caso del Legado Picasso de 1981, la estética se subordina a la significación, y lo hace de forma tan magistral que, una vez se llega a comprender la obra, también se llega a comprender y aceptar