
Guernica, tras verla por primera vez, tendida desnuda a los pies del mural: «¡Ahí hay una mujer!». Eso dije para mí, petrificado de admiración: «¡Ahí hay una mujer!» 5947. Y eso mismo dijo Porbus al verla en la obra de Frenhofer. Extraños designios del destino: la ficción, la de Balzac, se transformaba en realidad, gracias a Picasso. 5947 Jeremías 31, 22 vatican:[español latín] latinvulgate biblos 5948 Estudio de composición para Guernica IV (sábado 1 de mayo de 1937; óleo y grafito sobre contrachapado; 53,5 cm × 64,5 cm), de Pablo Ruiz Picasso, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (DE00058), Madrid. museoreinasofia:[1 2] google:[imágenes web] #ahsLPA6 wiki ESTUDIO DE COMPOSICIÓN PARA GUERNICA IV Dejé el libro en el suelo y cogí el recorte de Estudio de composición para Guernica IV 5948, una obra evidente a primera vista, de dibujo claro, de personajes y objetos bien definidos, de formas que no podían ser más simples. Sin embargo, tras su aparente sencillez se escondía un universo inimaginable de ideas sorprendentes, algunas tan atrevidas que quizá nunca llegaran a ser aceptadas como tales. La cantidad, complejidad y belleza de los relatos que Picasso sugería en Estudio de composición para Guernica IV prefiguraba la de los relatos del Guernica. Estudio de composición para Guernica IV, como todas las obras anteriores, permitía

comprender el error que suponía confundir «entender una obra de arte» con «sentir una obra de arte». En un cuadro de Sorolla, un niño en la playa es un niño en la playa, no hay nada más que entender; el significado entra por los ojos con la imagen, con total naturalidad; no hace falta procesar la información, basta con degustarla: la obra apela al alma humana más que al intelecto humano; se ha de sentir más que entender. Sin embargo, la admirable técnica de Sorolla consigue transmitir sensaciones que no transmiten otros pintores que pintan niños en la playa, lo que invita a analizar con detalle su técnica y el cómo y porqué de las sensaciones que genera. Cuán dichoso se puede llegar a ser sin necesidad de nada: ahí está el niño tumbado desnudo en la orilla del mar, sobre la arena mojada, bañado suavemente por el sol, distraído en sus meditaciones, en perfecta simbiosis con la naturaleza. Niño feliz. En algunas obras de arte no hay «nada más» que entender; porque sólo hay que sentirlas, contemplarlas y dejarse transportar, entregándose a su belleza. De estas obras se dice que uno llega a entenderlas cuando cree llegar a sentirlas. Una vez se alcanza este estado, y con el fin de entender el camino que va desde la percepción al sentimiento que cada cual experimenta, se puede entrar a analizar la técnica empleada por el artista. En estos casos, la técnica se utiliza de manera