puntos de vista, a buen seguro nunca se 
producirían. 

La obra de Picasso le sacaba los colores a esa 
historia que en pos del progreso, de la técnica y 
de la riqueza, había renunciado a entender al 
hombre, olvidándose .si en algún momento lo 
supo. de lo que significa ser humano. La 
historia había renunciado a entender el Legado 
Picasso de 1981: se conformaba con las 
insensateces elucubradas por unos que no 
pintaban nada en esta historia, reflejo de esos 
descerebrados políticos que declaraban guerras 
sin saber lo que era morir de un tiro en el 
estómago, o tan siquiera haber hecho la mili. 
Igual que la historia doblegará a los primeros, 
doblegará a los segundos, y hará de los últimos 
los primeros. Pero hoy, la historia se conformaba, 
porque creía ya saberlo todo sobre el Legado 
Picasso de 1981. Cuán poco habría progresado el 
ser humano, de reinar en otros ámbitos de la vida 
ese mismo conformismo. La dificultad es un reto 
que siempre se ha de afrontar, ya sea desde la 
derecha o desde la izquierda, desde arriba o desde 
abajo, de frente o de espaldas, sin parar hasta 
transformarla en evidencia. 

Porbus y Poussin también se rindieron ante la 
dificultad de lo ininteligible. Por más que 
examinaron la pintura situándose a la derecha, a 
la izquierda, de frente, agachándose y 
levantándose sucesivamente, no vieron nada:

 

.El viejo lansquenete se burla de nosotros 
.dijo Poussin volviendo al pretendido cuadro.. 
Yo no veo más que colores confusamente 
amasados y contenidos por una multitud de 
extrañas líneas que forman una muralla de 
pintura 5944. 

5944 .Le vieux lansquenet se joue de nous, dit Poussin en 
revenant devant le prétendu tableau. Je ne vois là que des 
couleurs confusément amassées et contenues par une multitude de 
lignes bizarres qui forment une muraille de peinture. 

 

Así se rendía la historia en su intento de 
entender el Legado Picasso de 1981. 

Pero entonces, iluminados por un rayo de 
esperanza, los ojos de Porbus vieron la verdad: 

 

.Estamos en un error, ¡mire!… .continuó 
Porbus. 

 Al acercarse, percibieron, en una esquina del 
lienzo, el extremo de un pie desnudo, que surgía 
del caos de colores, de tonalidades, de matices 
indecisos, especie de niebla sin forma; y era un 
pie delicioso, ¡un pie vivo! Quedaron petrificados 
de admiración ante aquel fragmento escapado a 
una increíble, a una lenta y progresiva 
destrucción. Aquel pie aparecía allí como el torso 
de una Venus en mármol de Paros que surgiera 
de los escombros de una villa incendiada.
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