sugería cómo habían de exponerse las obras, e 
incluso inducía a pensar que las cuatro modelos 
que enmarcaban esta obra espejo .cuatro 
mujeres desnudas; o cuatro poses de una misma 
mujer, o diosa; que posaban de costado derecho, a 
su derecha, y de costado izquierdo, a su izquierda, 
y boca abajo, abajo, y boca arriba, arriba. 
simbolizaban los cuatro espejos que, al rodear la 
obra, generaban el infinito universo de reflejos, el 
universo de la obra. Las cuatro líneas rectas que 
enmarcaban cada viñeta heredaban esta doble 
significación, de Venus, o musa, y de espejo. 
Incluso el pincel se transformaba en ficticio eje 
especular entre la modelo y la obra, pues esa es la 
misión del pincel, y del artista: reflejar a la 
modelo en la obra. Cual tetramorfos, las musas 
rodeaban a su pantocrátor; enmarcaban una cruz 
de cuatro obras en el madero mayor y tres obras 
el madero menor, cabeza arriba y cabeza abajo. 
El verdadero artista, salvador del arte, muere con 
la cabeza bien alta, crucificado cabeza arriba, por 
amor al arte. La crítica, sin embargo, llamada está 
a morir crucificada cabeza abajo, cual anticristo, 
por su ignorancia, por su incompetencia, por 
hacerlo todo del revés, por erigirse en falso juez 
del artista, por pretender ser más que el artista, 
por querer vivir del artista. 

La necesidad de contemplar la obra desde todos 
los puntos de vista se hacía explícita en un dibujo

de la página 28 del álbum 0075925, dibujo que bien 
podría haber sido ideado con fines pedagógicos, 
tal era su simplicidad y evidencia. Hasta un niño 
entendería que aquel dibujo tenía que ser 
contemplado desde todas las perspectivas, y que 
incluso los signos más evidentes tenían distintos 
significados dependiendo de las formas con las 
que se asociasen y la posición desde la que se 
observasen. El dibujo era simple. Picasso se valía 
de apenas unos trazos para crear cuatro cabezas 
de perfil. Cada una nacía de un punto cardinal. 
Las cabezas situadas al este y al oeste miraban 
hacia el sur. La cabeza que caía desde el norte 
miraba al este. La cabeza que nacía desde el sur 
miraba al oeste. Los cerebros se solapaban en el 
centro del cuadrado que hacía de marco. Sólo 
había dos ojos en esta rosa de los vientos, 
situados uno al norte y el otro al sur. Uno de ellos, 
el situado al sur, pertenecía a las tres cabezas 
inferiores. El otro era ojo de la cabeza orientada 
cabeza abajo. Sólo había dos orejas, una en la 
cabeza al este y la otra en la cabeza al oeste. 
Llegados a este punto comenzaban las 
metamorfosis. Las orejas se convertían en ojos y 
hasta en narices y bocas. Y los ojos también se 
transformaban en bocas. A medida que se rotaba 

5925 Álbum de dibujos de Juan les Pins (septiembre de 1925), de 
Pablo Ruiz Picasso, colección privada (Sucesión Picasso 007). 
Dibujo en la página 28. 

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