modelo era su presa, su ratita. El pintor andaba a 
gatas, a la caza de la ratita, la leche a los ojos del 
gato. El gato se concentraba en la ratita; tenía su 
imagen .y en especial la de sus senos. ante sus 
ojos, en su pensamiento, en sus sueños. En Pintor 
ante su caballete .a las 3., el gato (54) cazaba 
por fin a la ratita, la modelo .ahora en la oscura 
boca del gato., señal de que el pintor había 
logrado por fin captar la imagen ansiada de la 
modelo. 

En Pintor ante su caballete, el lienzo y el 
caballete sugerían otra cabeza (55), de perfil, de 
aspecto humano: el delgado pincel le maquillaba 
su ojo derecho, cerrado y complacido; el pintor se 
apoyaba en las sombras; la línea horizontal de la 
pared, a media altura, cortada en dos por el 
caballete y la modelo, sugería los ojos en otra 
vista .cabeza (56).. Las sombras eran ojos que 
miraban y nariz que olía a la modelo 
.cabeza (57), con rasgos de simio, o calavera.. 

PINTOR RECOGIENDO SU PINCEL 

Las hilanderas, de Velázquez, también parecía 
infiltrarse en Pintor ante su caballete, en lo 
tocante a la metáfora del gato y el ratón, si bien 
más sorprendente era su relación con el 
aguafuerte número 7, Pintor recogiendo su 
pincel 5923. En Pintor recogiendo su pincel, el 

5923 Pintor recogiendo su pincel (1927; aguafuerte; papel: Velin

van Gelder, 25,5 cm × 33 cm; cobre: 19,4 cm × 26 cm), de Pablo 
Ruiz Picasso, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 
Madrid. 

insde google 

aprendiz de pintor, sentado en un taburete, 
desnudo ante un lienzo en blanco, sostenía la 
paleta y los pinceles con su mano izquierda 
mientras se agachaba levemente para recoger con 
su mano derecha un pincel caído al suelo: el 
pintor reflejaba con su pose la de la hilandera 
aprendiz, sombra de Aracne. A la derecha, una 
joven mujer encarnaba a la hilandera aprendiz, 
que ahora se dignificaba, enderezaba su torso, 
descubría su pecho y posaba para su homólogo en 
pintura, el aprendiz de pintor. A la izquierda, en 
otro lienzo, el perfil derecho de una mujer madura 
reflejaba el de la hilandera mayor, sombra de 
Atenea, eternamente vigilante. En el centro del 
aguafuerte, en toda la vertical, Picasso construía 
una cabeza (58) en blanco y de perfil, reflejo de 
esta última en lo referente a la severidad de su 
rostro, símbolo de la obra como tal, 
personificación de la obra de arte: el pintor, 
también de perfil, le prestaba su ojo derecho; el 
lienzo encuadraba su cabeza boquiabierta; el 
pincel en el suelo sugería la recta barbilla. Para el 
aprendiz, el lienzo en blanco era un infierno; y si, 
para colmo, se le caía el pincel delante de la 
modelo, qué decir, se avivaban las llamas; la obra 
nacía muerta. La boca de este infierno (58) con
29 -2 -1 -1 +1 +1 +2 4026 4026 4026 4026 29 -2 -1 -1 +1 +1 +2 http://rabasf.insde.es/ http://www.google.es/search?q=Pintor+recogiendo+su+pincel+1927+Picasso&tbm=isch 4027 4027