efecto, ni cómo ese efecto afectó a sus obras? 
¿Qué valor tienen entonces los datos aportados 
por terceras personas, por más próximas que 
fuesen a él? ¿Y cómo medir la fiabilidad de los 
datos? Sus obras, tan complejas de entender, y 
sólo comprensibles parcialmente, no son más que 
hechos puntuales dentro de una biografía perdida 
.por ser continua en el tiempo, en su tiempo 
físico y psíquico.. Imposible conocer el día a 
día de la mente de Picasso, su hora a hora, su 
segundo a segundo. Ni siquiera conociendo el día 
a día de su cuerpo, de los hechos objetivos, de 
donde estuvo y lo que hizo, sería posible deducir 
el día a día de su mente. La mente del artista es 
un misterio irresoluble. Y siendo esto así, 
¿merece la pena analizar sus obras, salvo a modo 
de pasatiempo? ¿Es ético que miles de personas 
dediquen profesionalmente sus vidas, con cargo 
al erario público, a desenredar fútilmente los 
enredos artísticos de otros, de civilizaciones ya 
desaparecidas, mientras miles de millones de 
personas padecen penurias en el mundo? ¿Es eso 
lo que la sociedad necesita? «No solo de pan vive 
el hombre», dirán algunos: que les dejen sin pan, 
a ver qué opinan. ¿Por qué enredar más las cosas 
cuando hay tanto que desenredar en la vida? La 
mirada exterior del que observa nada tiene que 
ver con la mirada interior del observado. Las 
obras son obras, y las frases son frases, muestras 
puntuales de una dilatada trayectoria vital, y es

imposible valorarlas, pues el sistema de valores 
del que observa es distinto del sistema de valores 
del observado. Imposible conocer la importancia 
que tuvieron para Picasso cada una de sus obras. 
Y mucho menos se puede conocer cómo varió esa 
importancia con el paso del tiempo. La 
interpretación de sus obras de arte es pura 
elucubración, no existe objetividad en este asunto, 
por más que se restrinja el análisis al mínimo 
contexto histórico del nacimiento de la obra. Y 
esto es así porque resulta imposible evaluar lo 
más importante: la influencia que en la obra tiene 
la memoria del artista. Las ideas perduran en la 
mente, fluyen de unas obras a otras, de unas 
frases a otras; el artista juega con el tiempo. Si se 
percibe repetición o cambio de estilo en las obras 
o en el discurso, es coherente analizarlo, aunque 
nunca se conocerán las verdaderas razones que 
impulsaron a la repetición o al cambio; a veces, ni 
el propio artista es consciente de ello. En el 
mundo real, en el mundo científico, en el día a día 
de las personas normales, por así decirlo, tiene 
sentido restringir al máximo el análisis de los 
hechos y de las palabras al momento en el que 
fueron hechos y dichas, pues suelen ser resultado 
de circunstancias puntuales, influidas por el 
entorno, hechos y palabras que no se harían ni 
dirían, y ni tan siquiera se pensarían, de ser otras 
las circunstancias. En el mundo del arte no 
funcionan así las cosas. Por eso, sólo tiene
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