en escalera II .RT. era reflejo de estructuras 
biomoleculares. 

La ciencia es una gran tautología, en tanto en 
cuanto es espejo que refleja la verdad .sirva 
como ejemplo la captura, transmisión y 
reproducción de audio y video hiperrealista, en 
tres dimensiones.. La ciencia desenreda los 
misterios del mundo y con ellos crea bienes y 
servicios de máxima utilidad para el ser humano 
.alimentos, medicinas, energía, comunica-
ciones…., de beneficio inmediato para quien los 
recibe, sin necesidad siquiera de que piense o 
comprenda cómo se hicieron o funcionan. Los 
artistas, sin embargo, todo lo enredan: enredan el 
mundo en sus obras, casi siempre 
incomprensibles, por más tiempo que se dedique 
a su contemplación y estudio. Si es necesario 
escribir miles de páginas para comentar sólo 
algunos detalles de apenas un puñado de obras de 
entre las decenas de miles que realizó Picasso, 
¿cuántas páginas no serían necesarias para 
explicar todas sus obras de arte?, ¿cuántas se 
necesitarían para explicar la evolución de su 
pensamiento? Es imposible conocer las 
circunstancias que dieron lugar a cada una de las 
ideas de Picasso. Es imposible valorar sus obras 
sin conocer la historia de su mente, que es 
imposible de obtener. ¿Qué valor tiene entonces 
un hecho aislado de su biografía, si no se pueden 
conocer las causas reales que produjeron ese

efecto, ni cómo ese efecto afectó a sus obras? 
¿Qué valor tienen entonces los datos aportados 
por terceras personas, por más próximas que 
fuesen a él? ¿Y cómo medir la fiabilidad de los 
datos? Sus obras, tan complejas de entender, y 
sólo comprensibles parcialmente, no son más que 
hechos puntuales dentro de una biografía perdida 
.por ser continua en el tiempo, en su tiempo 
físico y psíquico.. Imposible conocer el día a 
día de la mente de Picasso, su hora a hora, su 
segundo a segundo. Ni siquiera conociendo el día 
a día de su cuerpo, de los hechos objetivos, de 
donde estuvo y lo que hizo, sería posible deducir 
el día a día de su mente. La mente del artista es 
un misterio irresoluble. Y siendo esto así, 
¿merece la pena analizar sus obras, salvo a modo 
de pasatiempo? ¿Es ético que miles de personas 
dediquen profesionalmente sus vidas, con cargo 
al erario público, a desenredar fútilmente los 
enredos artísticos de otros, de civilizaciones ya 
desaparecidas, mientras miles de millones de 
personas padecen penurias en el mundo? ¿Es eso 
lo que la sociedad necesita? «No solo de pan vive 
el hombre», dirán algunos: que les dejen sin pan, 
a ver qué opinan. ¿Por qué enredar más las cosas 
cuando hay tanto que desenredar en la vida? La 
mirada exterior del que observa nada tiene que 
ver con la mirada interior del observado. Las 
obras son obras, y las frases son frases, muestras 
puntuales de una dilatada trayectoria vital, y es
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