La pata y su cría estiraban la pata. Ellas, como 
sus imágenes, pasaban a formar parte de los 
cuerpos que las ingerían, cuerpos que se 
apropiaban de sus formas. Confucio, que en su 
cabeza tenía la cabeza de la pata, miraba por sus 
ojos al alargar la cabeza .cabeza (123).. 

La pata, en la mente de Confucio, clamaba al 
cielo su dolor, como lo hacía la mujer: ambas 
apelaban a la conciencia del filósofo. Confucio, 
tras haber saciado su apetito físico y espiritual, 
necesario para su supervivencia, volvía al sueño 
de la reflexión, de las reflexiones que el universo 
genera en la mente, en ese conjunto de espejos en 
el que el universo se refleja y da forma a la 
realidad, a las imágenes que percibe el ojo 
reflexivo de la conciencia. Las imágenes sugieren 
todo tipo de relatos. 

En Madre con niño muerto en escalera II 
.RT., Picasso sienta cátedra con un discurso 
magistral, eterno por ser circular, pura filosofía. 
La imagen habla de la existencia física y psíquica, 
del principio y del fin, del bien y del mal, del Alfa 
y Omega, del yin y del yang, del ciclo eterno de 
la vida y de la muerte, de una realidad única y 
neutra .la del Tao. por encima de la realidad 
bipolar que perciben los sentidos: percibimos la 
creación; percibimos la destrucción; pero la 
creación y la destrucción no existen, pues sólo 
existe la transformación. Por eso dudamos al 
determinar el momento exacto de la creación del

ser humano. Por eso no percibimos destrucción, 
sino transformación, en el crecimiento. Por eso, 
aunque percibamos como destrucción aquello a lo 
que llamamos muerte, dudamos de que se 
produzca, y creemos en algún tipo de existencia 
posterior a ese momento. Sólo existe la 
transformación, la metamorfosis de las imágenes. 
El ser humano, limitado en sus capacidades 
sensoriales, determina como creación y como 
destrucción transformaciones que a su juicio son 
bruscas, cambios funcionales radicales. Pero sólo 
existe la transformación, que en último término es 
tan sólo movimiento. Y aunque se perciba 
movimiento, todo permanece inmóvil, puesto que 
el movimiento es relativo, como en Madre con 
niño muerto en escalera II .RT., inmóvil y 
móvil a la vez. El movimiento existe y no existe 
al mismo tiempo. Esa es la realidad del Tao, la 
realidad por encima de la realidad, la 
suprarrealidad. 

el samurái 

Confucio y el guerrero samurái, en calma el 
primero, tempestuoso el segundo, ambos en la 
misma vertical, cada cual con sus ojos puestos en 
la boca abierta del otro, se erigían en símbolo de 
las guerras Sino-Japonesas. La segunda estalló en 
julio de 19375837 y no finalizó hasta el 9 de agosto 

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