
mostraban sus genitales en escalera. Allí metía la mujer su mano. Y allí le mordía la serpiente del pecado. Los colmillos clavados en la parte inferior trasladaban esta escena al ano. Los genitales masculinos, pene y testículos, también podían identificarse con la cabeza de la cobra y sus anteojos laterales. Los genitales femeninos seguirían donde antes, en los tramos visibles de la escalera, los que daban forma al cuerpo de la serpiente. Tenía mucho sentido que así fuera. Picasso estaría reinterpretando la serpiente del Génesis; la estaría reconstruyendo a partir de los dos sexos humanos, como pecado que se consuma en la unión lujuriosa .o de oscuras intenciones., como serpiente que se manifiesta en la pasión sexual. El cuerpo y la cabeza de la serpiente sugerían una explosión atómica, orgasmo de la pasión tras la unión de los dos cuerpos y su reacción en cadena. Además, de esta forma, la imagen conseguía sugerir cómo los genitales masculinos atacaban y mordían literalmente los genitales femeninos. El pene, la bicha, la culebra de escalera… y la cobra, la que cobra. La serpiente atacaba a la mano que se introducía en la escalera, símbolo de la vagina; y como la escalera, cuerpo de la serpiente, era símbolo del pene en la primera interpretación, también podía suponerse que la mano agarraba el cuerpo del pene: en este contexto, la imagen parecía condenar la masturbación, tanto

masculina como femenina. La imagen parecía incluso condenar las relaciones homosexuales, pues la cabeza de la serpiente y su cuerpo pertenecían al mismo individuo y eran, por lo tanto, de la misma naturaleza: en este caso, las piernas también lo serían masculinas; la serpiente atacaba tanto por delante como por detrás. De esta increíble manera, a través de los reflejos y la explosión combinatoria, Picasso lograba un símbolo perfecto del pecado de la lujuria, asociado a todas las posibles relaciones sexuales de pareja. La región ((0,0),(1,-1)) sugería la visión frontal de un femenino y estilizado cuerpo (91), como de erótica faraona de pronunciadísimo escote, alargado cuello, áureo nemes, brazos en largos guantes negros y manos en pubis, cual recatada Eva en el paraíso, toda una tigresa. Las columnas que la flanqueaban replicaban .con los tramos de escaleras más visibles. su cuello y cintura y, bajo ellos, su pecho y caderas, vistos de frente, o espalda y glúteos, vistos de espaldas. La escalera vertebraba todo este cuerpo (92), gigantesco en comparación con el otro. El cuerpo (92), de pechos y ovarios enrojecidos .en su vista frontal., sugería un esquelético zum .radiografía. del cuerpo (91). La mujer con el niño en brazos introducía su mano en el cuerpo (92) .quizá por la espalda; quizá a traición. para agarrarle una costilla .un