
y a su compromiso con lo humano, por encima de toda ideología. Con estos pares de ojos, Picasso mostró la indignación de quien contempla las atrocidades de las que es capaz el ser humano, atrocidades como la de acabar con una vida humana concebida, pero aún no nacida, o como la de clavar la vara de su codicia en sus propias hijas recién nacidas, por el mero hecho de ser niñas, o cómo la de consentir que el hambre siga clavándose en los estómagos de tantos millones de niños, a los que traspasa y mata. El ingenio sin límites de Picasso le llevó a pintar esas imágenes en las niñas de los ojos de la Muerte y del Infierno, nada más y nada menos. Hasta los ojos de la Muerte y del Infierno se indignaban al ver las atrocidades que cometía el inhumano ser humano. Contaminación de las aguas y del aire, deforestación indiscriminada, matanza de animales, guerras, injusticias… Los ojos de la cabeza (310), enrojecidos de tristeza, casi a punto de romper en llanto, si no habían roto ya, miraban con boca trémula, profundamente apenados, hacia abajo, hacia la trágica escena de la mujer con el niño: sus ojos y su boca hablaban por sí solos. Y entonces, aún con esa escena reflejada en sus pupilas y en sus labios .cabeza (311)., mudaba el gesto, ahora de furia contenida, y alzaba los ojos, ahora rojos de ira, para mirar de frente al observador y echarle en cara esas imágenes. La fuerza de la ira

provocaba la confrontación; el miedo provocaba la huída. Madre con niño muerto IV reflejaba las leyes del universo elevadas a lo humano, e incluso a lo divino. Mientras los valientes abren caminos nuevos como Dios manda, los cobardes robaméritos se arrastran tras ellos .cual serpiente del paraíso; como la Muerte y el Infierno. para erigirse en intermediarios ante el incauto pueblo .Adán y Eva.. La mujer corría hacia una cabeza (349) dormida, de rasgos más humanos que de simio, orientada de perfil en el eje de la Muerte, con ojo cerrado en el codo, nariz en la diana y boca abierta en ronquido, en el vientre vacío. La mujer corría hacia ella como quien corre hacia Dios pidiendo auxilio. Los gritos de la mujer despertaban a esta cabeza (349), que aún adormilada abría su otro ojo (350) en la boca de la mujer, como para ver lo que decía. Y, entonces, caía la puya y se le clavaba entre ceja y ceja, y la cabeza despertaba por completo, totalmente estupefacta, su ojo (351) en la diana, su nariz en el vientre vacío, su boca cerrada a los pies de las porterías, abierta (352) por acto reflejo. Y compartía respiración con el Infierno toro (12). ARTE CUÁNTICO Un solo bloque de cuatro imágenes, como el de la región ((0,0),(1,-1)) .en dos filas de dos columnas., generaba todo el espacio de