.región ((0,1),(1,1))., el Infierno reaccionaba 
justo al revés, con ira; y en la región reflejo de 
esta, justo debajo, en la región ((0,1),(1,1)), los 
ojos reproducían la reacción opuesta, sublimando 
así la secuencia, que con ira miraba de frente, y 
abatida miraba hacia abajo. Los azulados ojos de 
la tortuga entraban con dolor y furia en la región 
inferior .((0,-1),(0,0))., al revés de lo que 
ocurría con los azulados ojos del infernal caracol. 
Los ojos inferiores reflejaban la expresión 
opuesta a la de los ojos superiores. Los ojos 
cerrados en las piernas del niño mayor, los ojos 
inferiores, en el eje de la tortuga, reflejaban ahora 
el dolor del impacto .cabeza (346)., y no la 
calma de los ojos superiores. La sangrienta punta 
de la puya que atravesaba a la recién nacida niña 
era iracunda niña .cabeza (347). de unos ojos 
recién abiertos en el vacío vientre del niño mayor 
.cabeza (348)., en el que también se clavaba la 
puya: la imagen con sangre entra. Estos pares de 
ojos reflejados culminaban la pirámide 
interpretativa de Madre con niño muerto IV y 
confirmaban que Picasso la pintó para que la obra 
se rodeara de todos sus reflejos. El relato que 
Picasso construyó con estos pares de ojos 
alcanzaba cotas insuperables en lo referente a la 
capacidad expresiva del arte como lengua de 
imágenes .donde la obra es una lengua literal, y 
la imagen es su palabra, a ella eternamente unida, 
y la luz es el vehículo portador de esa palabra.,

y a su compromiso con lo humano, por encima de 
toda ideología. Con estos pares de ojos, Picasso 
mostró la indignación de quien contempla las 
atrocidades de las que es capaz el ser humano, 
atrocidades como la de acabar con una vida 
humana concebida, pero aún no nacida, o como la 
de clavar la vara de su codicia en sus propias 
hijas recién nacidas, por el mero hecho de ser 
niñas, o cómo la de consentir que el hambre siga 
clavándose en los estómagos de tantos millones 
de niños, a los que traspasa y mata. El ingenio sin 
límites de Picasso le llevó a pintar esas imágenes 
en las niñas de los ojos de la Muerte y del 
Infierno, nada más y nada menos. Hasta los ojos 
de la Muerte y del Infierno se indignaban al ver 
las atrocidades que cometía el inhumano ser 
humano. Contaminación de las aguas y del aire, 
deforestación indiscriminada, matanza de 
animales, guerras, injusticias… 

Los ojos de la cabeza (310), enrojecidos de 
tristeza, casi a punto de romper en llanto, si no 
habían roto ya, miraban con boca trémula, 
profundamente apenados, hacia abajo, hacia la 
trágica escena de la mujer con el niño: sus ojos y 
su boca hablaban por sí solos. Y entonces, aún 
con esa escena reflejada en sus pupilas y en sus 
labios .cabeza (311)., mudaba el gesto, ahora 
de furia contenida, y alzaba los ojos, ahora rojos 
de ira, para mirar de frente al observador y 
echarle en cara esas imágenes. La fuerza de la ira
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