vientres vacíos y lo enormes círculos negros 
sugerían aterradas fosas nasales y aterradas bocas. 

ESCENA 11 

La undécima escena mostraba el derrumbe 
anímico definitivo: los ojos en los vientres vacíos 
rompían a llorar desconsolados en las piernas de 
los niños mayores. Al observar alternativamente 
estos dos pares de ojos se alcanzaba, a nivel local, 
uno de los objetivos de Picasso: la pintura 
adquiría movimiento, el movimiento del 
pensamiento. A esta secuencia se incorporaban 
otros pares de ojos del entorno. 

En ningún caso aparecía expresión de ira en 
estos rostros, sino expresiones de sorpresa, temor, 
angustia o llanto. Consideradas de forma aislada 
parecían cabezas de inocentes, o de falsos 
culpables .tomados por culpables sin serlo., 
pues no parecían causar daño, sino recibirlo. 
Consideradas en conexión con las cabezas 
superiores, sugerían un profundo arrepentimiento. 
La interpretación de Madre con niño muerto IV 
.RT. A las 3. no podía ser más compleja, 
sujeta como estaba al explosivo poder de la 
combinatoria. Arriba .((-1,1),(0,0)). se sugería 
la bravura; abajo .((-1,0),(0,-1))., la 
mansedumbre. Arriba, el agresor; abajo, la 
víctima .toro y yegua, por ejemplo; o varón y 
hembra, con su cría.. Arriba, la guerra; abajo, la 
paz. Con comas y sin comas .no comas; vientre

vacío.. El fuerte se come al débil. El listo 
devora al tonto. El malvado se zampa al inocente. 
Reflejo de la más triste realidad. Las 
construcciones potenciaban esta interpretación 
dual: arriba, en llamas; abajo, frías. Los edificios 
parecían formar parte de las cabezas de las reses, 
de sus carrilleras 5763, lo cual potenciaba el sentido 
bélico de la imagen. Y también podían ser 
considerados como parte integral de sus cuerpos, 
tras las cabezas. Las cuatro balas rojas en la 
región ((-1,1),(0,0)) sugerían las cuatro 
extremidades de la res, en vista cenital: los dos 
pares de porterías le servían de cuerpo; la parte 
central emulaba la espina dorsal y el sistema 
digestivo, desde la boca hasta el ano; la cabeza 
daba forma al cuerpo. El Infierno y la Muerte 
cabalgan, devoran la vida, hacen la digestión y 
defecan los excrementos, que se reciclan para 
generar vida nueva. Las porterías también 
sugerían cabezas como de serpientes (300), que 
amenazaban con sus lenguas bífidas y colmillos, 
y desencajaban sus mandíbulas para tragarse a sus 
presas: todo su delgado cuerpo le servía de 
sistema digestivo. También las reses y las 
serpientes se enfrentaban entre sí. La serpiente 
del pecado original nacía de las cabezas, como así 
lo hacía el árbol del conocimiento del bien y del 

5763 rae
27 -2 -1 -1 +1 +1 +2 27 -2 -1 -1 +1 +1 +2 http://rae.es/carrillera 3873