otro hemisferio. La acosada mujer (298) corría 
hacia un lado y hacia el otro por el plano de una 
imagen infinita de reflejos, tratando 
desesperadamente de huir. Su esfuerzo era inútil, 
pues había sido encarcelada entre espejos. 

Dentro de cada hemisferio, las cabezas tenían 
rasgos humanos .tenían nariz, que no hocico., 
lo que contrastaba con las cabezas de aspecto 
animal, las que se formaban al juntar los dos 
hemisferios. 

Las mujeres (298) y sus niños (299), 
trasladadas a la región ((0,0),(1,-1)), parecían huir 
asustadas la una de la otra, más que enfrentarse 
entre sí, o enfrentarse con temor, justo al revés de 
lo que sugerían las cabezas animales que se 
embestían con bravura justo encima, en la región 
((0,1),(1,0)). 

Si bien todas las cabezas orientadas de frente 
en la región ((-1,0),(0,-1)) podían considerarse 
distintos fotogramas de una misma cabeza, 
también era posible clasificarlas atendiendo a su 
apariencia, más femenina en unos casos, más 
joven en otros, unas veces serias, otras asustadas, 
otras llorosas, como si algunas representaran al 
macho, otras a la hembra y otras a la cría. Los 
óvalos azules sugerían cejas entristecidas, 
asustadas, atónitas, sobre ojos abiertos y vacíos 
en los vientres. Esta cabeza, de ojos interiores, 
tenía aspecto más joven y femenino que otras de 
ojos exteriores. Los labios pintados de sangre

sugerían labios femeninos. Las cabezas más 
pequeñas remitirían a las de la cría. De este tipo 
era la pequeña cabeza que tenía sus fosas nasales 
en los vientres vacíos: la secuencia de ojos que 
iba del pequeño círculo negro, al pecho en corona, 
al óvalo azul y al culo de la bala sugerían, en este 
contexto, el tránsito de la vida a la muerte, en la 
cría; y con el fin de cerrar el ciclo sin fin de la 
vida, el último fotograma le pasaría el testigo al 
primero. 

El pelo en collage, sobre los trazos negros en 
bumerán, y el pequeño círculo negro en la 
región (0,0) daban forma a un ojo que poseía dos 
expresiones completamente opuestas. Las dos se 
podían percibir, pero no al mismo tiempo. Sólo 
una de ellas era visible en cada instante 
dependiendo de con qué otro ojo se aparejase. Si 
se asociaba con su ojo simétrico en la región 
(-1,0), el ojo parecía asustado; pero si se asociaba 
con su ojo simétrico en la región (1,0), el ojo 
parecía colérico. La simetría ejemplificaba la 
dualidad de la naturaleza. 

ESCENA 10 

En la escena décima llegaba el ataque, se 
consumaba la embestida, la lanza atravesaba los 
ojos, la trampa los atrapaba, las inmensas fauces 
abiertas los devoraban. La expectación mutaba en 
asombro, en pánico, al consumarse en ataque. Los
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