Y los huevos eran pupilas dormidas tras párpados 
transparentes .cabeza (41). en ojos con un 
despertar de la hostia .cabeza (42).. El pájaro 
empollaba ojos de luz de verdad: el nacimiento 
sugería el despertar a la verdad de las imágenes. 

NU COUCHÉ .A LAS 3. R3. C6. 

Y al unir esta imagen doble con sigo misma a 
las seis .copia a las 6., la imagen cuádruple 
resultante sugería un icono símbolo del impulso 
sexual del hombre, icono que remitía por su 
disposición y oposición al del pantocrátor 
rodeado por el tetramorfos 5701. El lugar del 
pantocrátor lo ocupaba ahora una gigantesca 
cabeza de sátiro, de minotauro con rasgos de 
simio y hasta de carnero. El lugar de los santos 
apóstoles lo ocupaba Venus ante el espejo. Todo 
el conjunto daba forma a la cabeza de una 
gigantesca bestia sexual, infierno del placer, de 
múltiples ojos, en múltiples vistas. La bestia 
miraba con ojos de ombligo (43), hacia arriba, 
hacia el torso de la mujer. Y luego miraba de 
frente, a través de los pechos (44); y con ojos (45) 
en semiluna, en los de la mujer; y con oscuros 
ojos (46), en la semiluna que la besaba; y cerraba 
sus ojos (47) en el marco de la ventana, cuya 
copia, más abajo, sugería su boca cerrada… La 
bestia dormía. Y al despertar, miraba de frente, a 

5701 google:[imágenes web]

los ojos del observador. Y miraba a la mujer. E 
incluso estallaba en ira solar .con esos ojos y 
esas fosas nasales. para embestir a ambos como 
lo haría un enfurecido mandril (48) al ser 
despertado de su plácido sueño, cual mandril en 
El jardín de las delicias. Sueños eróticos de un 
mandril, que abría y cerraba sus ojos en el acto, 
sexual. La mujer era muy mona, y nada lisa. 

Los ojos, el hocico y la boca del mandril daban 
forma a un ser (49) lineal, metafísico, pero de 
aspecto humano, de cabeza y piernas triangulares, 
de radiante tronco en cáliz, de radiantes brazos y 
planos pies, extendidos todos en horizontal hacia 
su respectivo lateral. El nublado cielo era la cruz 
a la que el sol le crucificaba; porque los cuatro 
soles, hostias de pasión, celestes huevos fritos, 
eran clavos que le atornillaban de pies y brazos a 
esa cruz. Las cuatro mujeres del erótico 
tetramorfos le ponían los huevos, en las 
extremidades, y atornillaban con la llave de su 
trono cada uno de estos clavos de pasión. Las 
cuatro voluptuosas mujeres de la física le ofrecían 
su trasero espacio-temporal a este esquelético 
cuerpo metafísico. Y el cuerpo metafísico, con su 
cabeza y con su sexo, se la metía a la física, 
calentando los agujeros negros con cuatro 
millones de soles.
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