nariz; su ceja, en el orificio superior; y su boca, 
cerrada, en las cejas. La cabeza, de perfil, se 
orientaba hacia la izquierda. En consonancia con 
el dibujo, los dos orificios nasales también podían 
considerarse simultáneamente como sus dos 
ojos (49). La oreja de la mujer sugería la 
boca (50) abierta de estas cabezas: al desplazar la 
vista de la boca cerrada a la boca abierta, y 
viceversa, la cabeza, sumida en su plácido sueño, 
cobraba vida, como si estuviera inspirando y 
expirando el aire, como si estuviera roncando, 
todo un efecto que no estaba exento de comicidad 
si se suponía que el cabello original de la mujer, 
el cabello en collage, hacía de poblado bigote .o 
barba. que se levantaba al exhalar el aire. Y, 
ciertamente, estas cabezas tenían rasgos 
masculinos. 

En el siguiente fotograma, la cabeza 
despertaba (51) y miraba hacia las llamas con 
cierta preocupación: su ojo aparecía ahora en el 
punto de la lágrima superior, que Picasso resaltó 
con este preciso propósito; su boca cerrada seguía 
estando en las cejas. En consonancia con el 
dibujo, el punto lagrimal del otro ojo también era 
ojo, junto al primero, en una pose (52) ladeada 
hacia su izquierda. De nuevo, la oreja de la mujer 
hacía de boca (53) abierta en esta cabeza, aunque 
ahora su intención era bien distinta: la boca 
soplaba intentando apagar las llamas. En esta 
situación era comprensible la zozobra: a esta

cabeza, de aspecto masculino, a punto estaban de 
quemársele los pelos de la barba, enrojecida ya 
por las llamas. El ingenio visual de Picasso 
carecía de límites. La cabeza (8), de aspecto 
femenino, con su ojo izquierdo en la boca de la 
mujer evidente, también soplaba en esa dirección 
.cabeza (54), con boca en la oreja., si bien, 
más que apagarlas, parecía pretender avivar las 
llamas que asaban a la mujer y al niño. También 
esta cabeza tenía su equivalente cabeza 
ensoñadora, de ojos cerrados en remarcadas 
líneas horizontales y oscuras, en los párpados 
superiores de sus ojos .cabeza (55), con boca 
cerrada en la ceja; cabeza (56), con boca abierta 
en la oreja.. En este punto, la secuencia podía 
retornar al primer fotograma, como si estas 
cabezas se despreocuparan y volvieran a su 
sueño; pero también podía extenderse con una 
nueva cabeza (57), aún más preocupada: los ojos 
de la mujer eran sus ojos; las cejas, su nariz; y la 
oreja, su boca abierta; y ahora no había boca 
cerrada. Las lágrimas sugerían el sudor de su 
frente, tanto se afanaba la cabeza en apagar las 
llamas. Picasso dispuso con toda intención los 
tres conjuntos de cabezas en la misma vertical: la 
cabeza dormida, arriba; en medio, la que 
despertaba preocupada; y abajo, la que se afanaba 
por apagar las llamas. Las cejas sugerían un 
último par de ojos, cerrados de desesperación, y 
de tanto soplar, doloridos por el impacto de la
26 -2 -1 -1 +1 +1 +2 3733 3733 3733 3733 3733 26 -2 -1 -1 +1 +1 +2 1947 3734 3734 3734 3734