el peldaño inferior, sugería la boca cerrada. La 
línea oblicua sobre la cabeza de la mujer, la línea 
que delineaba la espalda de la cabra (40) y el 
humano hombro (39), era recta coronilla, además 
de ojo derecho cerrado de una gigantesca 
cabeza (50) .zum de esta. que ocupaba todo el 
ancho y alto de la obra, y que abría su asombrado 
ojo derecho (51) en el pecho izquierdo de la 
mujer, y que abría su boca (52) en grito en el 
espacio entre los peldaños que ocupaba la mano. 

El zum indicaba que toda la obra, o una parte 
de ella, estaba contenida en otra parte más 
pequeña de la misma. El zum como recurso 
permitía aumentar la expresividad del relato al 
sugerir el eco sin fin del sufrimiento, que se 
escucha a todas las escalas. Este tipo de relación 
era la que parecía darse entre la mano derecha de 
la mujer y todo su cuerpo: la mano simbolizaría a 
la mujer; la mujer sería un zum de su mano; toda 
la obra sería un zum del fotograma de peldaños 
en el que se apoyaba la mano. Picasso dotó al 
zum de contenido dramático, e incluso filosófico 
y científico. El zum parecía sugerir que, por más 
que se dividiera la existencia, siempre se podría 
seguir dividiendo; y siempre estarían allí 
presentes la Muerte y el Infierno, encarcelados en 
el plano de la pintura. En este contexto, Dios se 
encarnaría en el observador, pues habitaría fuera 
de la obra, en un universo paralelo, que tocaría al 
de la pintura, que lo rodearía, que lo conocería,

que incluso lo crearía, pero que jamás podría 
entrar en él, como tampoco podría la pintura salir 
de su universo y cobrar vida para entrar en el 
universo de lo humano, más que en espíritu. La 
creación humana sería respecto al hombre lo que 
la creación divina sería respecto a Dios. 

MADRE CON NIÑO MUERTO IV 

Entre los recortes esparcidos por el suelo vi el 
de Madre con niño muerto IV. Nada más mirar la 
obra comencé a descubrir nuevos asuntos, asuntos 
que luchaban entre sí por atraer mi atención, 
aturdida ante la descomunal avalancha de 
inverosímiles ideas. Mis ojos recorrían frenéticos 
el dibujo, sin perder detalle, sin poder creer lo que 
veían, mientras mis manos lo giraban en todas 
direcciones. 

Lo primero que me llamó la atención fueron los 
ojos de la mujer. De cada uno de ellos, de sus 
lagrimales, brotaban tres líneas que finalizaban 
cada cual en un punto. Los dos ojos tenían forma 
de lágrima. Las seis líneas, ligeramente curvas, y 
sus seis puntos terminales también sugerían 
lágrimas. Hasta aquí lo evidente. Y es que cada 
una de las tres líneas que brotaban de cada 
lagrimal también parecían símbolo del cuello de 
la mujer, como el punto lo parecía de su 
cabeza .cabezas (37 y 38), en el ojo superior e 
inferior, respectivamente.. Las otras dos líneas 
y sus dos puntos hacían de brazos alzados y de
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