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El ser humano, tan falto de esperanza como está, se aferra a las religiones como a un clavo ardiendo, por no tener otro sitio adonde asirse. Y las religiones, que lo saben, en una mezcla de misericordia y egoísmo, enfrían algo el clavo con el fin de no hacer demasiado dolorosa la travesía y evitar que los fieles se les suelten, o se asgan a otro clavo más llevadero; porque aquellos que se sueltan caen al abismo, donde espera el infierno del mercado con sus fauces bien abiertas las veinticuatro horas del día. ¿Qué insensato se agarraría a sí mismo, en su caída, pensando que así puede salvarse? ¿Qué insensato se agarraría a quienes caen aún más rápido que él? El ser humano, en caída libre desde el día en que nació, incapaz de comportarse como sabe que debe, busca desesperadamente un salvador, un guía espiritual, un astro celestial en torno al que orbitar su meteórica existencia, un divino puerto al que amarrar el barco de su alma a la deriva 608. Y llama «Dios» a ese guía, a ese astro, a ese puerto. Y así, cada religión construye su propio planeta, que gira en torno a sí mismo y orbita alrededor de su astro «Dios», foco hacia el que orienta su espíritu. Y así, cada familia de religiones se transforma en un divino sistema planetario 609, de una estrella 608 youtube rtve wiki laprovincia canarias7 elmundo laprovincia wiki 609 wiki