
mujer, le lavaba el cerebro a lengüetazos, y se zampaba su cabeza como el reptil se zampaba su cuerpo. Y los ojos eran hocico de una cabeza (61) de gato .que por eso se relamía., su ojo derecho en la oreja, el izquierdo en las fosas nasales. La cabeza de la mujer, echada completamente hacia atrás, barbilla arriba y frente abajo, también sugería una cabeza (62) en posición convencional, barbilla abajo y frente arriba, boca en boca, frente en barbilla. Esta cabeza (62), de aspecto joven .por no decir fetal., aún sin ojos para ver .o falta de vista., pero con corazón para sentir, se mostraba aterrorizada, como así lo sugería su boca. La cabeza (62) se unía a su cuerpo fetal .en la propia cabeza de la mujer., doblemente preñado .más de ojos que de fosas nasales., o en perspectiva de serlo. La causa de su terror parecía ser la cabeza (60), que devoraba los sesos a la mujer y parecía querer arrebatarle la doble vida .los ojos; la vista. que guardaba en su seno. La imagen sugería una serpiente antropomorfa (60) que reptaba y se relamía ante el festín que contemplaba, dos crías de un ave aún no nacidas, aún en sus huevos. En este sentido, las cejas de la mujer sugerían los colmillos o la lengua bífida de la serpiente. La oreja de la mujer remitía de nuevo a la idea de embrión, por su forma y por darla caza la serpiente con su peluda lengua. Parecía como si

Picasso hubiera recurrido a la biología para secuenciar los distintos estados de la vida y los ataques a los que se veía expuesta: óvulo, espermatozoides, fecundación, cigoto, mitosis celular, embrión, feto, niño, nacimiento y muerte. Los dos niños formarían parte de los últimos estados de la secuencia. En un contexto artístico, la cabeza fetal simbolizaría la del crítico, la de un aborto de persona, por considerarse afamado experto en arte sin llegar a ser ni feto, por verlo todo del revés y para colmo presumir de una vista de cojones: su expresión de desconsolado llanto, por temor al coco .aquí inteligencia (visual)., y hasta de «tierra trágame» prefiguraba el momento de serle revelada la verdad de la imagen, revelándose entonces la falsedad de su crítica y su gran pérdida de tiempo, tanta como verse retroceder hasta su edad fetal y ser puesto así en su sitio. MADRE CON NIÑO MUERTO EN ESCALERA I .A LAS 12. Giré ciento ochenta grados Madre con niño muerto en escalera I. Y, de nuevo, volví a quedar estupefacto. Yo fui embrión, yo fui feto, yo fui niño. Atentar contra el embrión, contra el feto o contra el niño que fui hubiera sido atentar contra el hombre que soy. Todo un alegato a favor de la vida. Así parecía haberlo pintado Picasso en Madre con niño muerto en escalera I .a las