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La inmoralidad del ataque se amplificaba al considerar otros fotogramas adicionales de la cabeza atacante, que ahora adquiría los rasgos faciales de una persona, como indicando que, al atacar, el ser humano se transformaba en reptil. Una de estas cabezas tenía por boca una enorme e inmoral sonrisa, sugerida por el muslo izquierdo de la mujer. El atacante contemplaba con placer a su víctima. Las piernas del niño hacían de nariz en esta cabeza. Los pechos de la mujer, la cabeza del niño y las sombras sugerían, por combinación, múltiples pares de ojos, abiertos, entreabiertos y cerrados. La mirada se clavaba en la presa: niños, mujer, paloma, hembra, enemigo… Hasta los brazos del niño eran ojos cerrados, ensoñadores, complacidos. Hasta la bocamanga era complacido ojo izquierdo cerrado. Hasta un falso arrepentimiento .puesto allí para tal fin, con tal significado. a mitad de la pierna izquierda sugería una seria y esforzada boca (11), en vista de perfil, con punta de nariz en el talón derecho en la escalera, y cabizbajo ojo izquierdo cerrado en la mano izquierda del niño, y pensamiento ensangrentado. Picasso engordó sobremanera la pierna izquierda de la mujer con el fin de dar forma a todas estas cabezas (12), a todas estas vistas de una misma cabeza, a toda esta cinematográfica secuencia de cabezas, todas de aspecto más varonil que femenino. La herida en el entrecejo, herida sangrante y mortal, remitía al

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infierno de El jardín de las delicias, a la cabeza (58) de la Muerte: la Muerte miraba con alegría al niño muerto, pues era su hijo, hijo de la muerte, recién nacido a la muerte. Otras de estas cabezas de inmoral sonrisa .en apariencia. miraban a la cabeza de la mujer, pero de espaldas a ella: el pecho izquierdo hacía de abierto ojo derecho (13); el codo derecho del niño hacía de cerrado ojo derecho (14); el segmento superior del muslo izquierdo de la mujer sugería la boca sonriente; un pequeño trazo en otro falso arrepentimiento .ombligo de un pingüino (15) con pico en la nuca de la mujer. sugería una pequeña y seria boca cerrada (16); el brazo derecho de la mujer sugería un católico tocado; el niño lucía ensangrentada kipá 5472. Los dos pechos eran ojos que miraban hacia arriba, e incluso hacia atrás. Siguiendo esta trayectoria, desde la retaguardia hacia el frente, los ojos se transformaban en los del reptil que atrapaba a su presa. Todos los trazos tenían su sentido, su misión en el dibujo, hasta los más tenues, apenas esbozados, hasta los más irrelevantes a primera vista, hasta los falsos arrepentimientos. Así sucedía con la pequeña y seria boca (16) cerrada, efecto que Picasso reflejó en el lado opuesto, con otra boca (17) más para la sonrientes cabezas (12), igual de pequeña y seria, situada ahora en el 5472 wiki

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