
conciencia. Pero sobre todo, por encima de la estética, esta forma tan peculiar de dibujar la bandera sugería que Picasso debió de ver esa imagen, la del naipe que tenía en mi mano, y que la hizo suya a su manera, incorporándola al relato de obras como Madre con niño muerto IV, donde incluyó los tres círculos concéntricos junto a los tres colores de la bandera francesa: la diana se transformó en una mirilla que apuntaba a la diana del naipe. La mirilla del corazón apuntaba a la diana del pensamiento. Picasso trasladó la diana, del pensamiento al corazón, y la convirtió también en mirilla. Y a su lado clavó la lanza, junto a la diana, que también era ojo, y mirilla, ojo que veía, corazón que sentía. La lanza daba en el blanco, de los inocentes; se clavaba en el pecho de la Dolorosa 5460 España. 5460 Lucas 2, 34-35 vatican:[español latín] latinvulgate biblos Busqué Madre con niño muerto IV entre los papeles esparcidos por el suelo. La hallé junto a Madre con niño muerto III, obra que hacía aún más explícito el significado de la imagen: la mujer se erigía en símbolo de la república como forma de gobierno; y para que así fuera percibida, la mujer se encarnaba en Marianne, símbolo de la República Francesa. La república, personalizada en Marianne, lloraba la muerte de su hijo recién nacido, símbolo de la joven Segunda República Española. El marco amarillo añadía el único color

que faltaba para completar los colores de la bandera española. El cuerpo inerte del niño sugería la forma de una España del revés. Su cabeza, el intelecto, se refugiaba en Francia. El color azul se extendía amenazante por España, y separaba un brazo del niño .el derecho. del resto de su cuerpo. España ardía en una llama .foco azul, centro blanco, puntas rojas. que surgía de un carbón disléxico. España se consumía en una llama, en una llamada a gritos, que pedía auxilio en su lengua, blanca, azul y roja. La República Francesa, de rodillas, lloraba la muerte de sus hijos, víctimas de la barbarie 5461. 5461 abc elpais larazon elmundo Mis ojos se detuvieron por un instante en Madre con niño muerto IV, en los dos niños que compartían su sangre derramada, uno recién nacido, el otro algo más mayor. Los niños parecían simbolizar la Primera y la Segunda República Española, atravesadas ambas por la vara que las hirió de muerte. El destino quiso que, a fecha de la obra, estos dos niños pudieran ser tanto un símbolo político, encarnado en las dos repúblicas, como un símbolo autobiográfico, creando con ello sinergias entre este relato político, de dominio público, y un relato estrictamente personal, potenciándose entre ellos. La imagen del bebé y del adolescente, unidos ambos en un solo cuerpo, me resultaba familiar.