No me encontraba muy católico, no. A decir 
verdad, estaba hecho un cristo: la cabeza, 
parcialmente vendada; el antebrazo izquierdo, 
escayolado; el brazo derecho, salpicado de cortes 
y cardenales… Me dolían hasta los párpados. 

No había más cama que la mía en aquella 
generosa habitación. ¿Quién me habría puesto 
aquel pijama corto, azul celeste? Frente a mí, 
tendida en el respaldo de dos sillas, se reponía mi 
ropa de su particular martirio: la camisa era 
lienzo de una nueva obra maestra, pintada en 
acuarela de sangre; a su lado colgaba el pantalón 
pirata, que había sufrido igual destino. A saber en 
qué condición estaría todo cuanto llevaba en los 
bolsillos: la libreta con mis anotaciones, recortes 
del Legado Picasso de 1981, recortes de obras de 
otros autores, el regalo de Marianne, mi cartera, 
las llaves… 

Intenté incorporarme. 

.No se levante. No es necesario .escuché 
decir. 

Y al mirar al frente, hacia mi derecha, hacia el 
tramo de pasillo que debía de conducir hacia la 
puerta, vi entrar a un doctor acompañado por una 
mujer vestida de uniforme militar. 

.¿Qué tal se encuentra? .me preguntó el 
doctor. 

.Sinceramente, no es eso lo que me preocupa, 
doctor .respondí pensando en Marianne..

¿Sabe usted algo de una chica que…? .no me 
dejó acabar. 

.No se preocupe. La chica está fuera de 
peligro. Se pondrá bien. 

¡Benditas sean las palabras que resucitan el 
espíritu, que lo inundan de alegría incontenible, 
que hacen ver los cielo abiertos y borran toda 
herida del alma, del corazón, de la mente y hasta 
del cuerpo! Porque bastaron aquellas pocas 
palabras para que, en un suspiro .como el que di 
al escucharlas., desaparecieran de mí todos los 
males que me crucificaban. Cerré los ojos, me 
llevé la mano buena a la cabeza y sentí mi cuerpo 
relajarse hasta el infinito y más allá. 

Cuando me repuse miré al doctor y sonreí, 
contagiado por su sincera sonrisa, y le respondí 
con tan solo una palabra, con una palabra que me 
salió del alma: «Gracias». 

.La embajada americana a enviado a un 
militar .dijo señalando a la mujer que le 
acompañaba.. Quieren hacerle unas preguntas. 

.Pero no ahora .agregó la mujer.. Ahora 
es mejor que trate de descansar. Ya me pasaré 
más tarde. 

.Cuando quiera .le respondí. 

.Para cualquier cosa que necesite, puede 
avisarnos con el pulsador .dijo el doctor 
apuntando con su mano hacia el pulsador junto a 
la cama.
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