tras años de meditación, llegó a descubrir una 
verdad que le hizo renunciar a todo para volver 
junto al árbol; y cómo sus padres alabaron de 
nuevo al Creador, por devolverles una vez más al 
hijo perdido. Y oí cómo el hijo venció a la vejez 
cuidando de su padre anciano, y cómo venció a la 
enfermedad cuidando de su padre enfermo, y 
cómo venció a la muerte contemplando a su padre 
muerto, y cómo venció a la eternidad abrazando a 
su madre mientras su madre moría. Y entonces el 
tiempo se aceleró y pasó por encima del presente 
adentrándose en el futuro. Y oí cómo el mal se 
extendía por el mundo. Y oí al Creador llorar 
lágrimas de tristeza por el dolor que había 
causado su creación. Y le oí dar la orden de abrir 
los sellos del libro sagrado que tenía sobre su 
mano. Y oí abrirse el primer sello. Y se hizo el 
silencio. Y oí salir a un jinete, Visnú en su avatar 
de Kalki, cabalgando en un caballo blanco. Y 
Visnú paró el tiempo. Y aparecieron Siva y 
Brahma. Y Siva destruyó el origen del mal 
transformándolo con la ayuda de Brahma, que 
creó lo necesario para la transformación. Y, 
entonces, reanudaron el tiempo. Y los tres 
desaparecieron. Y se siguieron abriendo el resto 
de sellos; pero el sonido ya no fue de destrucción, 
sino de reparación. Y sonaron las trompetas. Y 
llegaron ángeles y seres celestiales con el fin de 
cumplir las órdenes divinas. Y todas las órdenes 
fueron ejecutadas sin generar sufrimiento, sin

derramar una sola gota de sangre, sin oírse un 
solo grito de dolor. Y el mal desapareció del 
mundo por completo. Y se oyeron grandes 
alabanzas al Creador por su infinita compasión y 
sabiduría. Y en el nuevo mundo todos eran uno y 
todo era bueno. Y la luz, radiante, era luz de vida 
y esperanza. Y vi cómo la luz se hizo aún más 
intensa y gozosa. Y vi surgir a Marianne de entre 
la luz, cual ángel sonriente. Y me llamaba. Y 
tendía sus brazos hacia mí. Y yo alcé los míos 
hacia ella, deseando abrazarla. Y ella se acercó y 
tomó mis brazos entre los suyos. Y se acercó más, 
hasta casi poder sentir su aliento fresco y lleno de 
vida sobre mi cara. Y se acercó más. Y sentí que 
Marianne se filtraba a través de mi piel, que 
llegaba hasta mis venas, que recorría todo mi 
cuerpo hasta lo más profundo de mis entrañas, 
fundiéndonos los dos en un solo ser, 
abandonando el viejo mundo para entrar en el 
nuevo. Y cuando la transformación se hubo 
consumando perdí la conciencia.
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