.¿Y no te parece extraño? 

.Mucho .contesté. 

Marianne sacó un pequeño paquete de su bolso, 
se acercó hasta mí y me lo metió en uno de los 
bolsillos de mi pantalón pirata. 

.Es un libro, un regalo, otra sorpresa. 

Y me dio un beso en la mejilla. Y luego 
caminó hacia el balcón. 

.Gracias .respondí, sin poder reaccionar, 
pegado como estaba a la encimera de la cocina, 
con el tarro de café en una mano y una cucharilla 
en la otra. 

Me quedé contemplándola mientras ella salía al 
balcón. Se apoyó en la barandilla, miró al 
horizonte, alzó la cabeza al cielo, cerró los ojos y 
respiró profundamente. Y, entonces, pareció 
sufrir un desvanecimiento. Y su cuerpo se venció 
hacia delante. Aterrorizado contemplé cómo 
Marianne caía sobre la barandilla. Corrí hacia el 
balcón. Intenté agarrarla. Pero llegué tarde. Mis 
brazos no alcanzaron su cuerpo. Y la vi caer al 
vacío, como a cámara lenta. Y vi cómo abría sus 
ojos y me miraba. Y la vi golpearse contra el 
toldo del bar, justo debajo, y luego contra la copa 
de una gigantesca sombrilla, y luego contra una 
mesa, y luego contra el suelo. 

LA CAÍDA 

Y, entonces, reaccioné. Salí disparado hacia la 
puerta. Pero tropecé con la mesa de la cocina, me

desequilibré y acabé dándome de bruces contra la 
estantería y contra el equipo de música, donde 
alguna parte de mi cuerpo debió de golpear el 
botón de play y arrastrar en su caída el dial del 
volumen hacia el máximo, porque comenzó a 
sonar la quinta de Beethoven a un volumen brutal. 

La inercia me llevó a trompicones hasta la 
puerta. La abrí de golpe y corrí hacia las escaleras, 
desesperado. Y al llegar al primer escalón di un 
salto inconcebible. Y en el aire pude predecir con 
horror la tragedia que se me avecinaba. Caí mal, 
desequilibrado. Me precipité hacia delante y me 
golpeé la cara con los escalones. Di una extraña 
vuelta de campana que me llevó hasta el rellano. 
Y a una velocidad de vértigo choqué de frente 
contra la pared. Mi cabeza destrozó la carcasa de 
plástico de la alarma manual antiincendios y 
activó el sistema. Y oí el distorsionado ruido de la 
alarma mezclado con el estruendo de la quinta 
sinfonía. El golpe que me di fue tan fuerte que me 
desplomé y perdí el conocimiento. Y sentí como 
si el tiempo se detuviera y luego retrocediera 
como un rayo hasta el origen de los tiempos, 
hasta el origen del universo, hasta un origen en el 
que todo era caos, y en el que el caos era un mar 
infinito de aguas invisibles y eternas, formado por 
Nun, Kuk, Huh, Amón y sus respectivas 
consortes, los dioses de la Ogdóada 5403, los ocho 

5403 wiki
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