
DE VUELTA EN MI BUARDILLA Entré en casa aún algo aturdido y fui derecho al cuarto de baño. Por más que me miré la cabeza en el espejo, desde todos los ángulos posibles, no vi rastro alguno de ningún golpe. Tras una generosa ducha de agua fría, y ya algo más relajado, saqué unas naranjas de la nevera, me preparé un zumo y me lo llevé al sofá. Entre trago y trago, con la mirada perdida en el azulado cielo de Madrid, pensé en todo lo sucedido durante aquella mañana. Con el último sorbo me recliné un poco, cerré un momento los ojos y, sin darme cuenta, me quedé dormido. Cuando desperté estaba sonando el timbre de la puerta. «¡Marianne!», pensé de inmediato, «¡dijo que quizá vendría esta tarde!». Salté del sofá, me apresuré hacia la puerta y abrí. Era ella. .¡Marianne! ¿Qué tal? .dije mesándome el cabello, intentando peinarme un poco. .Bien .respondió ella.. ¿Te he despertado? .mi rostro me delataba. .No… No te preocupes… Me he quedado traspuesto sin querer… Perdona. No he tenido un buen día. Pero pasa, por favor. .Gracias .y entró. .¿Te apetece un café? Necesito despejarme un poco. .Sí, gracias. .¿Con hielo? .Sí.

.Ponte cómoda. Estás en tu casa. Noté a Marianne algo triste en sus gestos, en su tono de voz. Quizá su padre hubiera empeorado. Aun así, no creí oportuno preguntarle por él: no me pareció el momento adecuado; ya lo haría más tarde. .¿Por qué dices que no has tenido un buen día? .preguntó mientras inspeccionaba el equipo de música. Tras reflexionar un momento concluí que ya no podía ocultarle por más tiempo la verdad. .No te lo vas a creer. Es de locos. He estado esta mañana en Real Armería, para ver la armadura que me comentaste. Al intentar analizarla de cerca tropecé y caí al suelo. Un vigilante dice que me golpeé en la cabeza al caer, y que permanecí unos instantes inconsciente, aunque yo no me veo ningún golpe. Y lo único que recuerdo de ese intervalo de tiempo son un sin fin de visiones imposibles y revelaciones rarísimas, todas en torno a El jardín de las delicias del Bosco. Y lo más extraño es que tengo la absoluta sensación de haberlas vivido, no de haberlas soñado. No sé, no le encuentro explicación posible. .¿Vistes los instrumentos en el espaldar de la armadura? .preguntó. .Sí, sí los vi. Grabados en la espina dorsal. Son los mismos instrumentos que aparecen en el infierno de El jardín de las delicias.