
Fue entonces cuando sentí una mano sobre mi hombro. Al abrir los ojos me vi en el suelo de la Real Armería, muy confuso y con un dolor punzante en la frente. .¿Se encuentra usted bien? .escuché a mis espaldas. Al girarme ligeramente vi a un funcionario del museo junto a mí. .¿Qué ha pasado? .dije llevándome la mano a la fuente del dolor. .Ha tropezado usted y se ha caído. Se ha golpeado la cabeza en el suelo. Ha estado unos segundos inconsciente. ¿Desea que avise al SAMUR? .No, gracias. Estoy bien .contesté, intentando disimular el insoportable dolor de cabeza. Miré hacia la armadura: estaba en su sitio, sobre su caballo. El pedestal, las barras de seguridad… todo estaba en su sitio. Incomprensible. ¿Qué diantres me había pasado esta vez? ¿Había perdido el conocimiento? Aún confuso y un poco mareado me levanté y fui hacia la salida, preocupado por aquellas extrañas visiones, del todo imposibles de explicar. Tras salir del Palacio Real tomé un taxi y fui directo a mi domicilio.

DE VUELTA EN MI BUARDILLA Entré en casa aún algo aturdido y fui derecho al cuarto de baño. Por más que me miré la cabeza en el espejo, desde todos los ángulos posibles, no vi rastro alguno de ningún golpe. Tras una generosa ducha de agua fría, y ya algo más relajado, saqué unas naranjas de la nevera, me preparé un zumo y me lo llevé al sofá. Entre trago y trago, con la mirada perdida en el azulado cielo de Madrid, pensé en todo lo sucedido durante aquella mañana. Con el último sorbo me recliné un poco, cerré un momento los ojos y, sin darme cuenta, me quedé dormido. Cuando desperté estaba sonando el timbre de la puerta. «¡Marianne!», pensé de inmediato, «¡dijo que quizá vendría esta tarde!». Salté del sofá, me apresuré hacia la puerta y abrí. Era ella. .¡Marianne! ¿Qué tal? .dije mesándome el cabello, intentando peinarme un poco. .Bien .respondió ella.. ¿Te he despertado? .mi rostro me delataba. .No… No te preocupes… Me he quedado traspuesto sin querer… Perdona. No he tenido un buen día. Pero pasa, por favor. .Gracias .y entró. .¿Te apetece un café? Necesito despejarme un poco. .Sí, gracias. .¿Con hielo? .Sí.