ABANICO ÁUREO 

En el panel del Apocalipsis se veían dados, 
cartas, cuchillos, orejas o lenguas, todos de 
tamaño normal, junto a sus homólogos 
gigantescos 4948. La misma relación parecía darse 
entre algunas de las gigantescas cabezas. 

4948 abc 

Este ingenioso recurso del Bosco permitía 
asignar cabezas mayores (944 y 945) asociados a 
las cabezas menores (925 y 926). La fantástica 
tríada de cabezas (924, 925 y 926) se expandían 
como una onda, en sentido ascendente, y 
configuraban un fantástico abanico abierto. La 
cabeza (925), en triángulo invertido, se expandía 
siguiendo la proporción áurea, en la dirección de 
los lados laterales del triángulo: los ojos se 
proyectaban en las dos construcciones laterales, 
junto a la cabalgata circular (946). Los ojos de la 
cabeza (925) se transformaban en fosas nasales de 
la cabeza expandida (946): el ojo cónico y 
espinoso de la cabeza (925) se transformaba en 
ojo esférico y espinoso de la cabeza (946); y el 
otro ojo, esférico, se transformaba en ojo cónico. 
El estanque circular, en el panel central, ocupaba 
en la cabeza (946) la misma posición relativa que 
la herida sangrante entre los ojos y sobre la nariz 
de la cabeza (58) de la Muerte, en el panel 
derecho: la cabalgata circular se proyectaba en la 
venda.

LA OCA 

Los objetos de tamaño normal estaban 
indudablemente interconectados con sus 
homólogos gigantescos, tanto por evidentes 
relaciones visuales como por misteriosos relatos. 
El dado normal y su homólogo gigantesco, o la 
carta normal y su homóloga gigantesca, aparecían 
en la misma vertical, los últimos .los más 
grandes. más arriba que los primeros. Estas 
relaciones permitían interconectar el pequeño 
pozo negro, en el panel del Apocalipsis, y el 
enorme y oscuro estanque, en el panel del 
Génesis. Ambas fosas sugerían una sublime 
metáfora sincrética, un relato que hundía sus 
raíces en religiones y filosofías orientales, y hasta 
en la astrofísica más vanguardista: los 
condenados en el día del Juicio Final volverán al 
principio de los tiempos; volverán desprovistos 
de todo mal, como reciclados, extraído su pecado 
por el aparato digestivo del que el pozo negro 
sería boca y el estanque sería ano. Este aparato 
digestivo, que podía serlo de varios personajes 
gigantescos con cabeza en el panel derecho, se 
nutría del pecado de los hombres, al nutrirse de 
los hombres que pecaban. Los hombres eran 
ingeridos y defecados por el pájaro en su trono 
como clave destinada a asimilar el 
comportamiento de este otro aparato digestivo, 
que ingería a los hombres en el Apocalipsis y 
defecaba sus desechos en el Génesis. Los
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