muerte 4815. También el emperador cargaba con la 
emperatriz, cabeza con cabeza, como en una 
acrobacia circense, reflejo de la que aparecía 
sobre el gigantesco y pétreo champiñón, en la 
construcción rosa más cercana, en el panel central. 
Los ojos cerrados (865) y abiertos (867) del 
bóvido permitían relacionarlo con el toro (174 y 
175) del Génesis: la cabeza (856) sería aquí la de 
la vaca (176) del Génesis. Una de estas dos 
parejas asomaba su cabeza en el panel del 
Génesis; la otra la asomaba en el panel del 
Apocalipsis, en circunstancias y poses 
diametralmente opuestas. También esta dualidad 
apuntaba al yin y al yang, a la rotación, a las 
vueltas que da la vida, reflejo de las que da el 
firmamento. 

4815 Tutankhamun: Anatomy of an Excavation, Griffith Institute, 
Ashmolean Museum, Oxford. 

web:[P1257 pág.60 P1264 pág.72] 

EL MINOTAURO 

Cuando el monte en primer plano se 
interpretaba como humano hombro izquierdo 
visto de frente, las gigantescas cabezas del bóvido 
se unían a este cuerpo para transformarlo en 
minotauro (868). Las cabezas, ahora giradas hacia 
su izquierda, despertaban para contemplar al 
hombre vestido de rojo, de pie sobre este hombro 
de minotauro; y también miraban al pájaro en su

trono, e incluso a la figura hueca situada entre los 
cuchillos .ahora cuernos del minotauro.. El 
minotauro también parecía girarse con el fin de 
mirar al personaje (844) hecho de tierra, unido a 
él por su espalda, personaje que también giraba su 
cabeza, hacia su derecha, con el fin de poder 
contemplar la del minotauro. La escena remitía a 
la de quien, de espaldas a un espejo, giraba su 
cabeza para contemplar su imagen reflejada. Y 
aún vi más ojos para estas cabezas. 

Y vi otras cabezas en la mitad superior del 
panel derecho, cabezas sorprendentes en su 
concepción, misteriosas en cuanto a su 
significado. De este tipo era la cabeza (869): la 
gaita hacía de nariz; la cabeza de la figura hueca 
y su melena hacían de surco nasolabial y estrecho 
bigote; la plataforma circular también parecía 
sugerir el bigote; la enorme apertura en la figura 
hueca sugería la boca abierta. La boca hablaba el 
pensamiento del Infierno y de la Muerte, 
proclamaba el Apocalipsis, eructaba su 
descerebrada profecía y se quedaba tan a gusto, 
pues cantaba al buen provecho, en su escala, al 
son de los instrumentos. La gigantesca lengua era 
su lengua desgarrada a cuchillo, situada ahora en 
el carrillo izquierdo. Las orejas, desgarradas, 
aparecían en el pómulo derecho. El agujero en el 
hielo sugería otra boca (870). Los múltiples pares 
de ojos llenaban el tercio superior del panel.
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