cueva situada en la base de la construcción rosa 
para hacer que la cabeza se girase para mirar 
hacia el interior del tríptico (813). Las cabezas 
eran fotogramas de una misma secuencia: el 
gorila miraba hacia el interior del panel central, y 
hacia el Apocalipsis, y luego se giraba para mirar 
de frente al observador, como preguntándole: 
«¿Qué te parece lo que ves?». La dorada 
semiesfera vegetal también sugería un ojo 
dormido (814) y otro ligeramente 
entreabierto (815) en la cabeza de perfil, nuevos 
fotogramas de la secuencia. Y aunque también 
existían otras formas de construir estas cabezas de 
gorilas, estas me parecieron las más equilibradas. 

Unos ligeros movimientos de los hombres, 
mujeres, animales y árboles en la parte derecha 
del panel central llamaron mi atención. Al mirar 
hacia allí, noté algo extraño en la imagen, como si 
estuviera viendo algo sin saber exactamente qué. 
Y, entonces, volví a quedar boquiabierto al 
descubrir ante mí, en aquella misma zona, el 
fantástico torso de una gigantesca gorila (816), de 
aspecto sereno, en todo proporcional al gorila 
macho, ahora a la espalda. No podía creer lo que 
veían mis ojos. La imagen de la pareja de gorilas 
superaba en realismo todas cuantas imágenes 
había visto hasta el momento. La gorila cerraba 
sus ojos en las sombras bajo la camella y los 
árboles de la derecha. La colina daba forma a su 
elongado cráneo. Sus fosas nasales aparecían en

la caseta cilíndrica y en la cueva de detrás. Sobre 
el labio inferior se arrodillaba el hombre con el 
ramo de flores plantado en su culo 4772. Sus 
mofletes eran cónicos, como pezones, a 
diferencia de los del macho, que eran esféricos, 
como testículos. La gorila, de actitud serena y 
ensoñadora, sus ojos más bien cerrados, giraba su 
cabeza ligeramente hacia su derecha, en dirección 
a su pareja. Su cabeza y torso se completaban en 
el panel derecho, el del Apocalipsis. La boca del 
laúd le servía de oído izquierdo: allí se incrustaba 
el arpa. Las alimañas del paraíso eran notas 
musicales que se introducían por el oído del 
gorila macho. La alimaña de caparazón blanco y 
su quinta reptaban a coro, en sinfonía, hacia el 
oído de la Muerte. La alimaña de tres cabezas en 
corchea, y la de caparazón en blanca, atacaban al 
oído, como prefigurando la apocalíptica sordera. 
El pozo bajo el trono se situaba sobre el hombro 
izquierdo de la gorila y conectaba así con el pozo 
del paraíso, situado en el hombro derecho del 
gorila macho. Y al abrir los ojos (817) en el grupo 
de la ballena y en el grupo de la concha, la gorila 
se humanizaba y adquiría cándidos rasgos 
masculinos. 

4772 Ezequiel 8, 17 vatican:[español latín] latinvulgate biblos 

Y entonces creí ver en la imagen un extraño 
simbolismo. El perímetro de la humanizada 
cabeza de gorila (817) sugería una letra griega,
23 -2 -1 -1 +1 +1 +2 3171 3171 3171 3171 23 -2 -1 -1 +1 +1 +2 http://www.biblegateway.com/passage/?search=Ezequiel%208&version=RVR1995 http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__PD6.HTM http://www.vatican.va/archive/bible/nova_vulgata/documents/nova-vulgata_vt_ezechielis_lt.html#8 http://www.latinvulgate.com/lv/verse.aspx?t=0&b=10&c=8 http://www.biblos.com/text/ezekiel/8-17.htm 3172 3172