ciertos pasajes de esta obra de Ovidio. Así ocurría 
con el mito de Apolo y Dafne: el dios Apolo 
persigue enamorado a la virgen ninfa Dafne, que 
le rehúye; y cuando a punto Apolo está de hacerla 
suya, Dafne, desesperada, clama al cielo, pide 
ayuda a su padre, que la transforma en árbol, en 
laurel. El relato del dios que persigue a la ninfa 
parecía proyectarse en la mitad inferior del panel 
del paraíso, cuando el hijo de Dios tomaba para sí 
a la hija del hombre. El hombre vegetal (103) 
sugería la metamorfosis en árbol, en un árbol 
símbolo de una cabeza que parecía llorar y agitar 
su copa, tanto como esconderse tras sus manos: 
las ramas y copa del drago daban forma a la 
cara (804), ahora girada hacia Eva; la copa del 
árbol tras el drago sugería la parte superior de la 
cabeza. El hombre vegetal (103) .fundido con la 
cabeza de león (104)., se giraba (804) para 
contemplar a Dios Hijo tomando de la mano a 
Eva .o al hijo de Dios tomando de la mano a la 
hija del hombre.; pero enseguida apartaba la 
mirada y volvía a su posición frontal, y se tapaba 
los ojos con las manos para no ver más la escena; 
y rompía a llorar desconsoladamente (103 y 104); 
y aún sumido en el llanto, alzaba ligeramente la 
cabeza y dejaba ver su rostro de león. 

El jardín de las delicias se adaptaba como 
anillo al dedo a algunas de las muchas leyendas 
sobre dragones descritas por la mitología china. 
Una de estas leyendas afirmaba que fue el dragón

Zhu Long quien, con su cuerpo, dio forma al 
universo. Otra leyenda hablaba de unos monos 
que, al entrar en una cueva y recibir el soplido de 
un dragón, se transformaron en los primeros seres 
humanos. Y, he aquí, que, a la derecha del panel 
central de El jardín de las delicias, estaba la 
cueva con los monos, bajo la construcción azul 
que sugería la cabeza de otro dragón (805), de un 
dragón que parecía ser la tierna, bella y durmiente 
cría panza arriba del otro y gran dragón. La cría 
moqueaba garzas, babeaba monos, tenía cuerpo 
de cabalgata circular, alas en el agua a uno y otro 
lado, y hasta cierta apariencia de murciélago: la 
cueva hacía de boca bajo las punzantes fosas 
nasales; y entre los múltiples pares de ojos 
.unos puntiagudos; otros de dulce bellota y 
caparazón durmiente. se erigía el chimu, que 
imitaba en su posición y factura el chimu de su 
progenitor (796). Su soplido .una ciclogénesis a 
escala sinóptica 4757. trasformaba a los monos en 
hombres y mujeres, en un ciclón de hombres 
calientes que cabalgaban entorno a las mujeres 
sumergidas en el refrescante estanque central. Los 
hombres, cual corrientes térmicas, parecían 
querer ascender a los cielos y convertirse en 
dioses; que incluso los había que volaban. El otro 
dragón (796), progenitor gigantesco y dextrógiro, 
anticiclónico, presionaba en sentido opuesto. Una 

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