Y los ojos se alzaban (732) ligeramente ladeados 
hacia su izquierda en el pirulí y en una esfera 
similar al otro lado (733). Y otros pares de 
ojos (734) sugerían otros fotogramas de esta 
secuencia. Todas las cabezas, estas y todas las 
demás, se prestaban sus miembros en 
incontenible explosión combinatoria. 

La vegetación azul jaspeada que surgía del 
carrillo izquierdo de los rosáceos peces también 
daba forma a otras fantásticas cabezas. Una de 
ellas (735) miraba de frente, como estupefacta, en 
dirección al hombre que se adentraba en su boca 
ovalada y abierta de par en par en la construcción 
rosa. El hombre, cual tórtola enamorada, parecía 
declararle a alguien su amor, con ostentosos 
gestos, como sobreactuando, e incluso 
canturreando, si bien no quedaba claro a quién se 
dirigía, si a una persona o alguna de las 
fantásticas y gigantescas cabezas de su entorno, 
como la del pez de esféricos y puntualmente 
iluminados ojos. 

La misma vegetación azul, recuerdo de los 
ramales de la fuente del paraíso, hacía de nariz en 
otra cabeza (736) que tenía por boca la misma 
boca, con ojo derecho en una pareja de amorosas 
aves que unían sus picos en un beso. La cabeza 
(736) parecía dormir .o cantar. cuando su ojo 
derecho se situaba más arriba (737), en un arco de 
luna sostenido por la mano de un hombre. Y el 
arco de luna también era ojo izquierdo (685) en la

cabeza orientada de perfil izquierdo, como de 
canto .en canto. o dormida, con nariz en el 
hombre pata negra; y parecía despertar cuando el 
ojo se abría en la dentada apertura del óvalo (686), 
en la cabeza del hombre que sostenía el arco de 
luna. Más abajo, el ojo izquierdo también se 
abría (738) en una esfera traslúcida para 
contemplar estupefacto su propia boca, y al 
hombre en ella metido, causa de su despertar. La 
ingeniosa técnica asociativa del Bosco le permitía 
reunir imágenes adyacentes para con ellas 
construir fotogramas inverosímiles que el espacio 
encadenaba para construir secuencias fascinantes. 
La cabeza dormía, o cantaba concentrada en su 
canto; y entonces despertaba, como si algo le 
hubiera sacado de su concentración; y enseguida 
encontraba la causa; y miraba estupefacta hacia 
ella, hacia el hombre que sobreactuaba o 
canturreaba como si estuviera declarando su 
amor; y entonces mutaba su gesto a incredulidad, 
que pronto se tornaba en indignación, como si 
desaprobara las malas artes. Otra secuencia 
similar a esta partía de una gigantesca 
cabeza (739) con su ojo izquierdo cerrado en el 
arco de luna cóncavo, su nariz en la vegetación 
azul, y su bigote, barba y cerrada boca en la 
colina verde. Los ojos (740) despertaban a ambos 
lados de este ojo, en la gran esfera traslúcida en lo 
alto de la vegetación azul y en el hombre que 
sostenía el ojo cerrado desde dentro del óvalo
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